VIAJE A LA SIERRA TARAHUMARA

Por Emilio Petersen

Los sitios que estoy dispuesto a recomendarles, como parte de un viaje poco tradicional, son tres pequeños puntos a los cuales es imposible arribar sin incorporar previamente largas horas de recorrido por una de las zonas más fascinantes que conozco.

Los tres sitios son: el valle de Bisabirachi o "Lugar de los penes erectos", la catedral desértica de Satevó y la altísima cascada de Basaseáchic.

Cada uno de estos lugares tiene sus propios encantos, pero el afán por llegar a ellos sólo será la excusa obligada para sumergirnos en una borrachera de paisajes, dentro de una región exageradamente rica en bellezas naturales y antiquísimas manifestaciones culturales, la Sierra Tarahumara en el norteño estado de Chihuahua.

Cuando en 1936 el poeta y dramaturgo francés Antonin Artaud recorrió la zona, fascinado con el mágico paisaje y las costumbres de sus habitantes sostuvo que aquí "la Naturaleza ha querido hablar a lo largo de toda la extensión geográfica de una raza". Quien pueda conocerla aprobará sin reparos esta feliz expresión.

EL VIAJE
El mejor modo de arribar a esta zona y verdadero inicio de la aventura es hacerlo en tren, a través de una de las líneas férreas más espectaculares del mundo, el "Chihuahua al Pacífico".

Para esto, hay que arreglárselas para llegar de madrugada a la estación de Los Mochis, en el estado de Sinaloa, ciudad agro-industrial cercana a las costas del Mar de Cortés. Esto es así, porque el tren parte de allí diariamente a las 6 de la mañana.

Mi propuesta supone viajar en tren entre Los Mochis, Sinaloa y la localidad de Creel en Chihuahua, que está localizada en la Alta Sierra Tarahumara y debe ser la base desde la cual recorrer toda la región.

Por supuesto que se puede tomar el tren en dirección contraria, partiendo desde la ciudad de Chihuahua, pero el tramo verdaderamente espectacular está entre Los Mochis y Creel. Este viaje, de unos 400 kms, siempre cuesta arriba hasta Creel demora unas 10 horas. El total de la línea hasta Chihuahua es de 644 kms.

DEL DF A SINALOA
Si alguien me preguntara cuál es la forma mas interesante de llegar hasta Los Mochis desde el Distrito Federal, no dudaría en responder que lo hiciera en autobús hasta el puerto sinaloense de Mazatlán, que cruzara de allí en ferry el Mar de Cortés hasta La Paz, en la península desértica de Baja California Sur y que en otro ferry regresara luego desde La Paz hasta el puerto de Topolobambo, en Sinaloa, a sólo 24 kms de Los Mochis.

Este recorrido hay que planificarlo bien para que coincidan los horarios entre los diferentes medios de transporte y para que haya tiempo de recorrer tanto Mazatlán como La Paz, dos puertos bien diferentes pero ambos Interesantes, con playas cercanas muy lindas y que no suelen estar entre los destinos turísticos promocionados.

Los Mochis tiene un buen aeropuerto y hay vuelos diarios tanto desde el Distrito Federal como de diversas ciudades de la región.

EL FERRY
Para quienes nunca han navegado en el mar, los viajes en ferry tendrán un atractivo adicional. Estos transbordadores marinos son grandes barcos que transportan camiones de carga y automóviles entre el continente y la península, pero también aceptan pasajeros con o sin vehículos.

Ofrecen servicios de cuatro categorías: la Clase Salón, donde los pasajeros van sentados en asientos reclinables y es la más popular por ser la más económica. Habitualmente sus pasajeros son trabajadores del lugar y jóvenes aventureros que van o vuelven de la península. La Clase Turista, que son camarotes donde pueden viajar hasta cuatro personas compartiendo la habitación, que tiene lavatorio pero cuyo baño en el pasillo es compartido y la Clase Cabina, que son camarotes para dos personas con baño privado. Las dos últimas tienen la ventaja del mayor control sobre el equipaje que quedará dentro del habitáculo bajo llave. Los precios son razonables.

Para pasajeros pudientes se ofrece también una Cabina Especial, que es un camarote tipo suite, con una sala además del dormitorio, amplio placard, TV con video y servi-bar.

Los días jueves la travesía la hace un Barco de Carga sólo con servicio de Salón.

EL MAR DE CORTÉS
Debe tenerse en cuenta que la mayor parte del viaje si el tiempo es bueno uno lo realizará observando el paisaje marino desde alguna de las cubiertas. El avistaje de aves marinas, grandes peces y tortugas es muy común en esta zona.

La travesía entre Mazatlán y La Paz dura unas 16 ó 18 hs. Los barcos parten a las 3 de la tarde y arriban alrededor de las 9 de la mañana siguiente, lo que supone el espectáculo adicional del ocaso en alta mar y el amanecer navegando ya entre islas cercanas a la península. Si se viaja durante época de luna llena el recuerdo será imborrable, en caso contrario el espectáculo de una cúpula estrellada hasta el horizonte compensará la ausencia de la luna.

Los barcos cuentan con un comedor donde se puede cenar y desayunar sin demasiadas pretensiones pero junto a grandes ventanales hacia el mar, y también una cantina que a veces se transforma en salón de baile. Las diversas secciones y cubiertas, en diferentes pisos, están todas comunicadas. Los camarotes son sencillos pero agradables y el placer de dormir acunado por el vaivén de la travesía es un regalo adicional.

El viaje entre La Paz y Topolobambo (puerto a 25 kms de Los Mochis) demora unas 10 horas y es casi totalmente nocturno pues parte a las 22 hs, por lo que el amanecer nos alcanzará ya cerca de las costas de Sinaloa. En todas estas ciudades existe disponibilidad de alojamiento de muy diversas categorías. El arribo se produce aquí a las 8 de la mañana por lo que no existe posibilidad de llegar al tren ese día. Excepto miércoles y jueves, este servicio lo hace el Barco de Carga.

Una alternativa es viajar por avión desde La Paz a Los Mochis ya que existen vuelos regulares de una compañía regional por las tardes y hacer noche directamente allí.

Los puertos en ésta zona son lugares custodiados por fuerzas militares y al arribar a la península en barco se debe cumplimentar un estricto control aduanal que incluye el uso de perros entrenados y la revisación del equipaje como si se llegara desde el extranjero. En todo el norte de México los controles antinarcóticos de vehículos y pasajeros en rutas y caminos son cosa habitual.

LOS MOCHIS
Por lo general, quienes van a tomar el tren en Los Mochis llegan a esa ciudad un día antes. Puede aprovecharse la tarde para conocer el jardín botánico del Parque Sinaloa, con notables variedades de palmeras.

Es una ciudad agroindustrial, de unos 400.000 habitantes, que creció a lo largo de un siglo desarrollando la industria azucarera. En esta zona son muy recomendables las carnes vacunas al carbón, los cabritos al pastor y el pescado zarandeado. Para los desayunos mexicanos son famosas las norteñas tortillas de harina de trigo y la machaca con huevo.
La estación ferroviaria está bastante lejos del centro y en la madrugada el único transporte disponible será un taxi que conviene asegurar con anticipación.

Los pasajes se venden en ventanilla inmediatamente antes de la partida del tren, no se aceptan pagos en moneda extranjera ni tarjeta de crédito y hasta el año pasado solía ser sumamente dificultoso garantizar reserva previa, excepto como parte de algún paquete turístico desde Chihuahua. Conviene llegar con tiempo porque en época de gran demanda se deberá dar una verdadera batalla para acercarse a la ventanilla.

A las 6:00 AM parte el servicio denominado Tren 73, también llamado "Primera Especial" que es el correcto. Una hora después sale el Tren 75, conocido como "Tren Mixto", éste es de segunda clase y arribará a Creel, con suerte a las 5 ó 6 de la tarde. Si se dispone de tiempo, ésta puede ser una opción, claro, sus boletos son más baratos y como el servicio de primera que viene desde Chihuahua tiene derecho de paso en la vía única, puede sufrir demoras larguísimas en algunos apeaderos, a la espera del cruce con el otro tren.

EL CHIHUAHUA PACÍFICO
La mítica línea Chihuahua al Pacífico fue impulsada por algunos visionarios en la etapa de expansión ferroviaria en el mundo, a fines del siglo XIX. Se comenzó entonces su construcción desde Chihuahua en 1872 y en 1907 se creó el pueblo de Creel ya en plena montaña tarahumara, hasta donde llegaron las vías del entonces denominado ferrocarril Kansas City- México y Oriente.

Sin embargo, las extremas dificultades técnicas que suponía atravesar por esa zona la Sierra Madre Occidental, unida a los avatares de la Revolución Mexicana que se desató por entonces y la consiguiente inestabilidad económica que la siguió, llevaron a que casi un siglo después y merced al esfuerzo de la ingeniería mexicana recién pudiera concluirse este fantástico proyecto.

La línea se inauguró en 1961, uniendo finalmente Ojinaga en la frontera con EEUU y el puerto de Topolobambo en el Mar de Cortés. En el tramo Los Mochis-Creel la vía asciende más de 2200 mts, desde casi el nivel del mar hasta 2230 mts en Divisadero y 2238 mts en Creel.

Se encuentran allí la enorme mayoría de los 39 puentes y la totalidad de los 86 túneles que fue necesario construir para salvar los accidentes del terreno.

A BORDO DEL TREN
El viaje comienza antes del amanecer en Los Mochis. Con las últimas horas de la noche, lentamente, la ciudad se va diluyendo en torno a la vía. La lentitud de marcha y el modo como los pobladores se han ido instalando a la vera del espacio ferroviario, permiten al observador atento hacer un análisis casi antropológico sobre los patrones de asentamiento de las poblaciones urbanas en el norte de México.

En efecto, uno circula de manera medio obscena por el traspatio de todas las casas, que se ven confortables y de materiales más nobles al comienzo, se van volviendo más humildes conforme avanza el tren y se vuelven definitivamente precarias al final.

El número de animales domésticos se multiplican hacia la periferia, mientras se ven a través de ventanas y puertas los interiores iluminados de las humildes viviendas y a sus moradores iniciando el quehacer de las madrugadas.

Las últimas casas son jacales dispersos entre zonas de cultivo y el terreno es plano. La vegetación va adquiriendo las características típicas del chaparral semiárido. Para la época de mi viaje (mayo de 1999) esta parte del paisaje se veía bastante seco y el ritmo de marcha era desesperantemente lento. Cuando averigüé al respecto me informaron que la zona del bajo era la última en que se cambiarían las vías y que sus malas condiciones obligaban a esa marcha lenta.

Por lo menos la mitad del pasaje aprovecha éste tramo para dormir a pata suelta, hasta que los rayos de sol que atraviesan los ventanales fijos los van despertando.

La primera estación se denomina "Sufragio" y se arriba allí como a los 45 minutos de marcha. A esa altura, quienes no tuvieron la precaución de llevar abordo algún alimento comienzan a añorar la posibilidad de un desayuno, ya que será inútil intentar comprar algo. Hay pocas cosas más duras de soportar que ver como los previsores se atascan de comida mientras a uno el jugo gástrico le corroe hasta la simpatía.

Todo el pasaje se dedica a desenvolver su "lunch", versión norteña del itacate indígena del sur y desayunar a la mexicana, es decir fortaleciendo decididamente el cuerpo para una larga jornada.

EL FUERTE
Otros 45 minutos de travesía, en las que se va avizorando un horizonte cada vez más cercano de montañas, nos depositan en la siguiente estación: "El Fuerte".

Se trata de una localidad colonial fundada en el lejano 1564, que lamentablemente no pude recorrer. Dicen que son muy interesantes sus edificios coloniales y callejones empedrados. Son también famosos los platillos locales a base de langostinos y lobina negra, un pez muy apreciado por los pescadores deportivos y que se da en tres grandes presas que almacenan el río Fuerte, que es el mayor de Sinaloa. Está unida a Los Mochis por una ruta pavimentada de 80 kms y puede no ser mala idea pasar primero por allí y abordar el tren a las 7,30 hs iniciando el viaje hacia la sierra desde aquí.

Lo único que pude apreciar de "El Fuerte" fue su estación, donde para mi sorpresa subió una patrulla militar que procedió a recorrer los vagones revisando algunos bultos que le parecían sospechosos, en todos los casos con la autorización previa y condescendiente de sus dueños. Algunos miembros de la milicia dirigían miradas serias al pasaje, que cada uno podía interpretar como mensajes subliminales de "tu eres narco" o "tienes aspecto de inocente turista", según el gusto de cada cual.

Apenas cumplida esta rutina, el personal militar se estacionó en el andén y sin distinción de grado ni jerarquía, se dedicó con interés igualmente profesional a la grata tarea de analizar con ojo clínico a un nutrido grupo de jóvenes mujeres que formaban parte del pasaje.

Para regocijo de varios pasajeros, en cuanto descendió la milicia asaltó el tren un grupo de mujeres del lugar, también ellas armadas, pero de cafeteras humeantes y provistas de deliciosos pancitos dulces de maíz, que fueron recibidas con la alegría propia de la oportunidad.

LA SIERRA MADRE OCCIDENTAL
Al aproximarse el puente del río Fuerte que es el más largo de todos los que se recorrerán durante el trayecto, se produce una verdadera conmoción entre los pasajeros. Es que los conocedores del camino saben que a partir de ese instante comienzan las vistas panorámicas a uno u otro lado del riel, y es el momento en que hay que ganar los espacios laterales junto a cada puerta del vagón que son los únicos sitios que permiten asomarse y obtener fotografías sin la molesta interferencia de los cristales.

Los que padecen de vértigo, a partir de éste puente ya saben a qué atenerse. El tren parece flotar en el vacío, la vista es maravillosa.

El lugar que se conquiste aquí deberá ser defendido con la tenacidad de un guerrero medieval, aún a costa de sed, palpitaciones o calambres, ya que cada pasajero se mantendrá horas en estas atalayas obnubilado por los deslumbrantes paisajes, y sólo tomará breve descanso mientras cambia el rollo de su máquina fotográfica.

Lo ideal es ganar la puerta del primer vagón que da a la locomotora (una máquina italiana Fiat a diesel), ya que esto permitirá obtener mejores fotografías de las bocas de los túneles, del paisaje que incluya partes de la locomotora como referencia, de las vías en perspectiva, o de la cola del convoy en las curvas. Además el ángulo de visión siempre será mayor y no habrá que sacar tanto la cabeza por la ventanilla.

El otro lugar muy apreciado es la puerta de cola del convoy, que permite también buena panorámica pero requiere acostumbrarse a la sensación de un paisaje siempre en fuga.

El único problema, además del deseo de algunos pasajeros avispados por lograr lo mismo, es que ambos sitios, la proa y la popa de la formación están custodiados por guardias armados que acompañan al convoy a todo lo largo del trayecto.
Aquí no queda otra que hacerse amigo del guardia, a través del método que cada uno considere más conveniente, quien a la larga o a la corta aceptará la sugerencia del viajero y hasta irá acercando comentarios sobre el mejor ángulo desde el que se verá el próximo punto interesante del paisaje.

Una buena estrategia para preservar estos puestos de observación consiste en actuar en tándem con algún socio, al cual se le cederá con la mayor cordialidad el sitio cada vez que se quiera descansar, ante la mirada de odio de quienes aguardan en vano que uno se agote.

TÚNELES Y PUENTES
A partir del puente sobre el río Fuerte, el paisaje cambiará dramáticamente ya que comienza el ascenso de la vía.
El convoy irá trepando las primeras estribaciones de la montaña, intentando aprovechar las pendientes naturales de algunas quebradas o cañadones donde fuera posible, y salvando los accidentes topográficos inevitables mediante túneles y puentes.
Los túneles están numerados en el sentido de la marcha hacia Chihuahua y como iremos descubriendo, algunos tienen sólo unas decenas de metros y los hay hasta de más de un kilómetro de largo.

No faltarán niños decididos que gritarán como salvajes desde las puertas de los vagones para comprobar como las paredes de los túneles amplifican sus berridos, ni algún desprevenido que huirá tosiendo, al descubrir que los gases despedidos por la locomotora transforma la atmósfera del interior de los túneles muy largos en sitios particularmente malsanos.

Desde todos los puentes, a la amplitud de perspectiva del paisaje se sumará la extraña sensación de deambular por el vacío. Los hay famosos por alguna característica especial como el ya mencionado del río Fuerte, que es el más extenso, o el de La Laja, que a lo largo de unos 200 mts cruza un cañadon a 50 mts de altura, o el de Cuiteco que aparece sorpresivamente a continuación de un túnel.

Los guardianes del tren pueden dar información anticipada sobre estos sitios, y otros muchos para que no se pierda la oportunidad de apreciarlos del mejor modo.

EL PAISAJE
Al ascender, se irán apreciando claramente las variaciones en la vegetación, entre el chaparral del bajo y los bosques de alta montaña. Se verán árboles de gran porte en la parte baja de los cañadones húmedos y estamentos de cactáceas diversas más arriba.

Algunos sectores estarán totalmente dominados por la presencia de los imponentes cáctus conocidos como "órganos".
Todo el ascenso de la ladera sinaloense de la Sierra Madre Occidental está plagado de paisajes hermosos, que varían a cada instante en virtud del notable recorrido de la vía entre las montañas.

Los paredones de roca y los accidentes del terreno se suceden sin descanso, llevando a que se pierda totalmente la noción del tiempo transcurrido. Todo lo que para algunos puedan haber tenido de aburridas las dos primeras horas de marcha, se compensa aquí con exceso.

Cada tanto, los restos de algún vagón de carga despeñado al fondo de los barrancos nos recordará con turbación los peligros de este recorrido.

En la época de mi viaje, miles de durmientes viejos yacían apilados en algunos sitios a ambos lados de la vía, y en otros tramos directamente afeaban las laderas del terraplén o el fondo de los barrancos, al haber sido desechados por obsoletos, mientras se trabajaba en mejorar la calidad de la vía.

EN CHIHUAHUA
El tren se detendrá en algunos sitios que son poco más que apeaderos. Después de Loreto se cruzará la frontera entre Sinaloa y Chihuahua.

En cercanías de Palo Dulce, que es la primera estación en territorio chihuahuense muy cerca también del límite con Sonora, la vía adopta el cañadón por el que desciende en sentido inverso el río Septentrión, cuya naciente está al sur de San Rafael, ya en las cercanías de la Barranca del Cobre.

Desde aquí, el convoy continuará ascendiendo con este curso de agua siempre a su derecha, por lo que la vista hacia ese lado en general estará privilegiada.

En Témoris, siguiente parada, los ingenieros ferroviarios debieron recurrir a un curioso mecanismo para superar la topografía del lugar.

Se trata de un angosto vallecito dónde la vía ingresa en un determinado sentido, atraviesa un puente a pocos metros del cual se despeña una hermosa cascada y gira 180 grados, quedando en sentido contrario poco antes de arribar al andén de la estación. Al partir desde allí el convoy ingresará en un túnel pero al salir del mismo se podrá observar que la vía continúa nuevamente en el mismo sentido que tenía al llegar al valle. Es decir que en el túnel la vía vuelve a girar 180 grados. Esto se conoce como la "S" o el rulo de Témoris.

Hay aquí un gigantesco cartel festejando la inauguración del ramal en épocas del presidente López Mateos.
Muy cerca de este lugar los jesuitas fundaron la primera de las muchas misiones con que intentaron evangelizar a los antiguos habitantes de la región Tarahumara.

LA ALTA TARAHUMARA
A partir de ese momento el paisaje se modifica radicalmente porque el ascenso alcanza el nivel de los gigantescos pinares que adornan la parte alta de la Sierra Madre Occidental por éstas latitudes.

Las vistas adquieren otro carácter ya que en algunos tramos las ramas casi alcanzan al tren. Los bosques son de encinos, pinos de aguja y cada tanto se observan unos árboles de llamativos troncos rojos y carentes de corteza llamados madroños. También existen otros notables ejemplares de troncos y raíces lisos de color amarillo pálido, que parecen adherirse como gigantescos chicles mediante sus raíces expuestas que abrazan grandes piedras sobre las laderas.

Los nombres de las siguientes estaciones Bahuichivo y Cuiteco denuncian ya la pertenencia de esta geografía al territorio de los Rarámuris, mal llamados Tarahumaras por los conquistadores españoles.

Si el viaje ha sido normal, se arriba a Bahuichivo poco después del mediodía. Es posible, aunque poco probable, que en estos tramos algunas mujeres Rarámuris aborden el tren ofreciendo objetos de notable factura y agradable perfume, tejidos con agujas de pino. Siempre visten faldas largas de colores vivos, llevan huaraches de cuero en sus pies y la cabeza cubierta con un pañuelo que anudan a su cuello. Son muy parcas y habitualmente sólo dirán el precio de sus artesanías.

Los hombres Rarámuris jamás ofrecen éstas cosas. Por lo general evitan el contacto con los forasteros y en sus comunidades es posible verlos con su cabello atado por una vincha, con sus camisas de mangas abuchonadas y luciendo una prenda de algodón blanco muy parecido al chiripá de nuestros antiguos gauchos, que sostienen con una faja tejida. Suelen calzar huaraches de cuero con correas o directamente andar descalzos.

En San Rafael, el tren suele detenerse a la espera del convoy que viene desde Chihuahua. Aquí suele haber mujeres Rarámuris en el andén a la espera de turistas. Al igual que en Areponápuchi y Divisadero, las dos siguientes estaciones, ya que éstos suelen ser los destinos de buena parte de los viajeros.

ALGO DE HISTORIA
Estamos ya en la Alta Sierra Tarahumara, fantástico escenario natural y cuna de orgullosos guerreros que resistieron largamente la conquista española: los Rarámuris.

Cuando el jesuita Juan Font redactó un informe en 1607 transcribió erróneamente como "Tarahumares" el gentilicio "Raráhumares" con el que los Tepehuanes conocían a sus vecinos los "corredores de a píe" que es lo que ese término significaba. Otras acepciones son " los de pies ligeros", "los que caminan bien" ó "los hijos del sol".

En 1639 los jesuitas iniciaron la evangelización de lo que denominaron Baja Tarahumara, pero cuando intentaron ingresar en los territorios del norte al que llamarían Alta Tarahumara, los Rarámuris se sublevaron en el año 1648 incendiando iglesias y matando misioneros. Esto originó una cruenta lucha que duró hasta 1653 y que de hecho impidió la evangelización hasta el año 1675 cuando los tenaces jesuitas la acometieron nuevamente.

Hasta su expulsión de América en 1767, alcanzaron a fundar en esta zona numerosas misiones, que dieron origen a más de 20 pueblos que aún subsisten.

Los Rarámuris pese a todo consiguieron preservar buena parte de su cultura. Todavía al momento de la expulsión de la orden algunos jamás tuvieron contacto con los misioneros, y aún hoy prefieren manejar con un alto grado de independencia su relación con el resto de la sociedad mexicana. Ellos denominan "Chabochis" a todos los que no pertenecen a su raza.

Cuando en 1891 arribó a esta zona el antropólogo noruego Carl Lumholtz, al frente de una importante expedición científica, quedó tan sorprendido con sus costumbres que decidió despojarse de todos sus acompañantes y vivir durante largo tiempo con los Rarámuris para estudiar su lengua y su cultura.

BARRANCAS Y CAÑONES
Para hablar de las cualidades naturales de esta región seria necesario el espacio de un libro, pero podemos acercar algunos datos.

La Tarahumara forma parte de la Sierra Madre Occidental que es un sistema orográfico reciente, de unos 30 millones de años, en comparación con los 100 millones de la Sierra Madre Oriental o los 120 millones de años del Gran Cañón del Colorado.

La Barranca del Cobre, que da nombre a un enorme Parque Natural tiene casi el doble de altura y su superficie es cinco veces mayor que la del famoso Gran Cañón de EEUU. El río Urique corre por ella a una profundidad de hasta 1500 mts y tiene no menos de 80 kms de largo.

Es esta una inmensa región montañosa, muy abrupta, con mesetas que superan los 3000 mts de altitud y gigantescas fracturas por donde circulan los cursos de agua.

Se trata en realidad de un inmenso sistema de barrancas y cañones, las más famosas de las cuales son la Barranca Sinforosa, la de Batopilas y el Cañon de La Bufa, la de Urique, la Del Cobre, el Cañón Tararecua, la Barranca de Chínipas, la de Oteros y la Candameña.

La comunicación entre puntos relativamente cercanos se vuelve aquí sumamente dificultosa.

Cuando Carl Lumholtz llegó a la Barranca del Cobre la describió así:

"…Aún los mismos misioneros jesuitas, con toda su intrepidez, desecharon la idea de bajar a ella, y los indios les dijeron que sólo los pájaros conocían la profundidad de aquel abismo. Cuando uno se detiene a la orilla de tales boquerones, se pregunta sorprendido si será posible atravesarlos. (…) La región, desde donde la abarcaba con la vista, parecía olvidada, solitaria, intacta de huella humana".

CLIMA Y BIODIVERSIDAD
El clima puede ser contrastante en sitios ubicados a unos pocos kms. En las cimas y mesetas (Alta Tarahumara) el clima irá de templado a frío casi todo el año, con nevadas que pueden ser abundantes en invierno. Las temperaturas en esos casos llegan a ser extremas, pudiendo incluso acercarse a los 20 grados C bajo cero. El verano allí es la estación lluviosa y todo se vuelve verde con una temperatura promedio de 20 grados C sobre cero.

En el fondo de las barrancas en cambio (Baja Tarahumara) el clima es subtropical. Los inviernos son benignos, con temperaturas promedio de 17 grados C sobre cero y nublados constantes. En verano la temperatura supera casi siempre los 30 grados y algunas veces incluso los 40 grados C. Los ríos y arroyos crecen considerablemente en ésta época. Todo este marco favorece una notable biodiversidad.

A los bosques de pinos y encinos de la región alta se continúan en la zona media matorrales con órganos y otros cactus, agaves diversos y en el fondo de las barrancas aparecen ceibas y cañaverales.

Existen aquí unas 290 especies de aves, 24 de las cuales son endémicas de esta región. En invierno llegan bandadas de patos y gansos migratorios desde Canadá y EEUU.

Hay también 87 especies de reptiles, 22 endémicas y otras 20 especies de anfibios de las cuales 12 son endémicas. Finalmente, se han registrado 50 especies de peces de agua dulce.

LA BARRANCA DEL COBRE
En la estación Divisadero, a la cual se llega a la una y media de la tarde, todos los trenes se detienen durante unos 15 minutos sólo para que los pasajeros puedan apearse y caminar unos metros hasta un mirador. Casi todo el pasaje desciende mientras la guardia armada parece custodiar el convoy desde el andén.

Desde este fantástico punto es posible observar la zona en que confluyen el Cañón de Tararécua, la Barranca del Cobre y la Barranca de Urique. La vista abarca una panorámica de más de 160 kms. Es imposible describirla.

Aquí hay varios puestos de venta de artesanías y curiosidades. Las mujeres Rarámuris prefieren ofrecer su mercadería desde el suelo. También hay varios "changarros" que preparan antojitos para comer al paso. Son deliciosos pero el tiempo suele ser escaso para aprovecharlos. Lo ideal es comprar algo apenas se desciende del tren y consumirlo en el mirador.

Cuando escuche el silbato del tren no dude y corra. Si no asciende rápidamente los escalones el convoy lo abandonará a su suerte, ya que nadie controla aquí el pasaje que baja o sube del tren.

Durante mi viaje, en la estación anterior que se denomina Posadas Barrancas y está muy próxima a Divisadero, el convoy abandonó a una pareja de gringos despistados que bajaron al andén confundidos por el nombre del apeadero. A pesar de los gritos desesperados de sus compañeros de viaje, el guarda del tren no pudo comunicarse con el maquinista y la formación partió dejándonos a todos los testigos del incidente en la mayor zozobra.

Por suerte para los náufragos de la montaña, existía un camino recién habilitado que unía ese punto con Divisadero y gracias a la espera del tren allí, pudieron alcanzarlo socorridos por un automovilista.

LOS BOSQUES CERCANOS A CREEL
La última hora y media del viaje transcurre ya entre bosques de encinos y pinares de enorme belleza. La estación anterior a Creel se llama Pitorreal, y en sus alrededores un pasajero gay me advirtió con indudable placer la cercanía de lo que él llamó "el monumento". Aprestamos nuestras cámaras a la espera del acontecimiento y de golpe apareció sobre el lado derecho de la vía el esperado "monumento", que resultó ser una curiosa piedra con forma de falo erecto de considerables dimensiones. Tomé la fotografía y me vi en la obligación de agradecer, no sin cierta turbación, la oportuna información recibida.

A las tres y cuarto de la tarde, si todo ha ido bien el tren 73 debe arribar a Creel, que es el sitio que recomiendo para usar como base para recorrer la región.

Se trata de un pequeño pueblo, maderero en sus orígenes y que ha mutado hacia punto turístico y de servicios en la Alta Tarahumara. Durante largo tiempo fue cabecera de la línea férrea a Chihuahua, debe su nombre a un banquero y gobernador del estado en épocas del régimen de Porfirio Díaz.

Básicamente consiste en un par de calles que corren paralelas a las vías, la estación ferroviaria y una pequeña plaza. Casas bajas y ningún edificio significativo, aunque posee un Museo de la Casa de Artesanías junto a la estación. Está unida a la capital del Estado por una ruta pavimentada, que hace unos pocos años se estiró hasta Divisadero.

Tiene una docena de albergues y moteles de categoría media y baja, teléfono, oficina de correos, un banco, una estación de servicio y algunos comercios. Todo ello en un ambiente medio de far west, donde se mezclan alegremente rudos norteños, niños y mujeres Rarámuris ofreciendo tímidamente sus artesanías, chicanos en imponentes 4x4, gringos jubilados, hombres Rarámuris con sus calzones blancos y su mirada profunda, aventureros europeos atraídos por la fama de la zona, personajes que parecen caricaturas de una película sobre narcos y otros de aspecto más cándido que el de los ángeles.

El 90 % del parque automotor de la zona lleva unas especies de patentes provisorias que denotan su procedencia indudable del otro lado de la frontera, aunque sus propietarios como ocurre habitualmente en todo el norte de México son habitantes locales.

ARAREKO Y EL VALLE DE BISABIRACHI
Para los que prefieran un sitio más tranquilo y mayor contacto con la naturaleza puedo sugerirles buscar alojamiento en la cercana Misión de San Ignacio de Arareko. Esta localidad se encuentra a siete kms de Creel, el ejido comprende 20.000 hectáreas de bosque incluyendo el hermosísimo lago de Arareko, y los servicios turísticos aquí son administrados por los indígenas ejidatarios a través del complejo "Kuri Sinewi Busureruami".

Hay allí tres lugares para alojarse. La Cabaña de Segórachi, sobre el lago, es el sitio con más comodidades. Solo dispone de 16 plazas. El Albergue de Batósarachi, en otro sector del lago, tiene varias cabañas rústicas con capacidad para unas 50 plazas. Finalmente, frente al embarcadero hay un sector donde se permite acampar, en cercanías de la tienda de artesanías "Kari Igomari Niwara".

Desde cualquiera de éstos lugares se podrán encaminar, a pie si gustan de las caminatas, en automóvil, bicicletas o a caballo hasta el mágico Valle de Bisabirachi o "lugar de los penes erectos" como lo llaman los Rarámuris.

Para ello deberán recorrerse unos 5 o 10 kms aproximadamente, según se salga desde el lago de Arareko, ingresando por la caseta de la Piedra Elefante, o desde Creel ingresando en éste caso por la caseta de Remoibo. Una opción es utilizar el ingreso por la caseta de Akibachi equidistante entre las anteriores. Todas las casetas se encuentran sobre la ruta Creel-Guachochi. En cualquiera de los casos el rumbo debe ser hacia el paraje rarámuri de Gonogochi, desde donde sale un pequeño desvío hacia el Valle de Bisabirachi.

Todos los caminos y senderos interiores son de "terracería", en una meseta plana en general, el Valle de San Ignacio de Arareko, que preserva la antigua iglesia de la Misión que puede visitarse.

Los caminos deambulan entre las pequeñas "milpas" dónde los Rarámuris preparan sus cultivos o suelen pastar su escaso ganado.

Se verán a lo lejos las sencillas casas de troncos de pino con una sola puerta, casi sin aberturas y con techos de lajas de madera en las que habitan, por lo general sin árboles cercanos. Mas atrás siempre estará la presencia imponente de las formaciones rocosas y los bosques de pino y encinos de las que emergen como gigantescos custodios.

En la zona hay también varias cuevas que los Rarámuris aún hoy prefieren habitar, pero no sería prudente visitarlas sin una invitación previa.

Es importante recordar en todo momento el delicado equilibrio en que los miembros de ésta etnia intentan preservar su modo de vida y cultura.

Estos cuidados deben extremarse al ingresar al "Lugar de los Penes Erectos", donde cualquier manifestación de incultura como arrojar basura o escribir sobre las rocas afectaría un sitio que ha sido usado durante milenios con fines ceremoniales.
No puedo sino definir a éste pequeño valle como mágico.

Las formas de las rocas en muchos sitios de la Sierra Tarahumara impresionan, y es fácil traer a la memoria los textos de Antonín Artaud que tan bien supo captar la esencia impactante de la naturaleza de ésta región.

Pero en éste lugar directamente mueven al asombro.

El nombre rarámuri del valle refiere a la presencia de un sinnúmero de peñascos pelados, como gigantescos monumentos fálicos naturales, que emergen entre los pinos y llegan a medir hasta 60 mts de altura.

Se debe ascender y descender entre las rocas para irlas descubriendo, ya que la presencia de unas oculta otras a la vista.

Hay que tomarse el paseo con calma porque la caminata sobre las peladas rocas en pendiente puede agotar rápidamente.

El sitio no parece demasiado grande pero es fácil perder el rumbo debido a que entre las agujas de piedra el paisaje cambia mucho apenas uno se mueve algunas decenas de metros.

Abandonarse a la contemplación del extraño paisaje de éste lugar necesariamente nos obligará a imaginar épocas lejanas en que el hombre vivía una comunión mas sana con su entorno.

La hora del ocaso puede ser particularmente apropiada para visitar este sitio, pero sólo en automóvil se podrá regresar sin complicaciones en la oscuridad posterior.

En las noches de luna llena el lugar debe ser maravilloso.

Algunos "mochos" como llaman los mexicanos a los mojigatos o religiosos con prejuicios, han rebautizado éste lugar como "El Valle de los Monjes" o "El Valle de los Dioses" y así puede aparecer denominado en algunos opúsculos turísticos.
Basta ver las piedras de Bisabirachi para entender que el nombre Rarámuri es el correcto.

SITIOS CERCANOS
Muchos lugares de interés existen en la zona pero me resulta imposible describirlos en detalle. Mencionaré a la cascada de Cuzárare, salto de agua de 30 mts de altura, al inicio de la Barranca del mismo nombre que desemboca luego en la del Cobre.

El manantial termal de Recowata, cuyas aguas de 35 grados de temperatura son accesibles descendiendo desde el Mirador de la Barranca de Tararecua.

La cascada de Rukiraso, también de 30 mts. de altura sobre el arroyo de San Ignacio y al comienzo de la Barranca de Tararecua.

Y finalmente la Misión de Cuzárare, que fue fundada en 1752 como "Los Cinco Señores de Cuzárare", es una de las más antiguas de la región y tiene en su interior bellas pinturas rarámuris.

Los varones Rarámuris realizan aquí sus reuniones comunitarias frente al atrio de la iglesia el primer domingo de cada mes. Para ello suelen recorrer a pie distancias enormes junto a su familia.

Con prudencia y a cierta distancia podrán observarse estas asambleas en que los varones de la etnia se reúnen junto a la puerta de ingreso a la Misión, pero fuera del terreno amurallado de la misma.

Las mujeres solteras o casadas y los niños permanecen dentro del espacio del atrio, totalmente ajenos a las deliberaciones. Las viudas pueden participar de la reunión ubicándose por lo general junto a la puerta de ingreso.

Fue precisamente en este lugar, en 1891, dónde encontró el explorador científico y antropólogo noruego Carl Lumholtz durante su búsqueda de un pueblo americano que aún habitara cavernas, a quienes denominó "los verdaderos Tarahumares".

Pudo observar entonces, durante una asamblea igual a la descripta, como un grupo de notables de la etnia administraba justicia a una pareja de delincuentes.

Las fiestas tradicionales Rarámuris, que incluyen música con sus típicos tambores planos y violines artesanales, cantos y danzas, se realizan en Semana Santa (sobre todo en Norogachi), el 30 de julio día de San Ignacio (en Arareko) y el 12 de diciembre día de la Guadalupana (en Cuzárare), poniendo de manifiesto el particular sincretismo de sus creencias religiosas.

Desde Cuzárare sale un camino de tierra de unos 20 kms muy accidentado que permite arribar a la localidad de El Tejabán, donde está el mirador mas espectacular para apreciar la Barranca del Cobre. De allí es posible, si se cuenta con suficiente capacidad física, descender al fondo de la barranca a orillas del río Urique.

HACIA LA CATEDRAL ABANDONADA
Para visitar el segundo lugar que recomiendo, la antigua iglesia de Satevó, uniendo la Alta y la Baja Tarahumara será imprescindible el uso de un vehículo.

Lo ideal es hacerlo en automóvil, aunque hay atléticos aventureros que lo han hecho en bicicleta de montaña, y existe también un irregular servicio de autobús que une Creel con Batopilas, unos días en un sentido y al siguiente en el otro.

Varios locales de Creel ofrecen viajes en camionetas con capacidad para una media docena de pasajeros, aunque aceptarán acordar un precio razonable para menor número de plazas si la demanda es baja.

Hay que tener en cuenta que a un buen vehículo con chofer experimentado en caminos montañosos de tierra, le llevará no menos de seis y frecuentemente siete horas recorrer los 130 kms hasta Satevó. Esto sin contar las innumerables paradas que pueda provocar nuestra ansiedad por tomar fotografías ya que todo el trayecto estará plagado de vistas espectaculares.

Recomiendo además de la cámara, proveerse de un buen largavistas ya que su uso estará bien justificado.

Conviene pactar una salida desde Creel poco antes del amanecer.

EL VIAJE
El camino pavimentado en sus comienzos, recorrerá sucesivamente las localidades de Arareko, Cusárare y Basíhuare mientras las primeras luces del día irán tiñendo las cumbres y los bosques de nuevos tonos a cada instante.

Observar el amanecer junto al cerro de La Cinta Tejida Tarahumara o en el mirador de la Doble Herradura puede ser inolvidable.

Más adelante la ruta cruzará un puente sobre el río Urique en la localidad de Humirá. Desde ese punto suelen partir los grupos de caminantes exploradores que inician las expediciones hacia la Barranca del Cobre, que comienza a formarse varios kms río abajo.

Unos 10 kms después arribaremos a la comunidad rarámuri de Napuchi, allí se abandona la ruta pavimentada que sigue hacia Guachochi y se gira hacia la derecha para internarse en camino de terracería.

Las próximas dos o tres horas transcurrirán entre gigantescos bosques de pinos y encisos, característicos de la Alta Tarahumara, con ocasionales vistas de altas cumbres cubiertas de bosques, otros cerros con escasa vegetación y la permanente irrupción de curiosas formaciones rocosas. Todo ello en un ambiente bucólico y sosegado de gran belleza.

El camino atravesará las comunidades rarámuris de Basigochi y Quírare con sus dispersas casa de madera y pequeñas milpas y corrales.

Más adelante llegaremos al mirador del impresionante Cañon de La Bufa, donde dejaremos atrás la Alta Tarahumara.

EL CAÑÓN DE LA BUFA
En este sitio el camino descenderá vertiginosamente desde 2300 mts de altitud hasta unos 500 mts al fondo del barranco por donde corre el río Batopilas. Superando el vértigo del descenso se podrán observar aquí claramente los estratos fitogeográficos que caracterizan a la región. Los bosques de pino superiores, los estamentos intermedios de arbustos y cactáceas y los árboles y carrizales del húmedo fondo de la barranca. La temperatura variará dramáticamente desde el fresco de la alta montaña hacia el calor de abajo.

Hay por aquí unos cerros muy curiosos, a uno de los cuales los mestizos suelen llamar "Pastel de las Siete Capas", por el colorido de sus materiales rocosos superpuestos.

Siguiendo el curso descendente del río Batopilas, el camino arribará a la antigua explotación minera abandonada de La Bufa.

Este lugar es impresionante porque las pocas casas que aún subsisten están construidas sobre una gigantesca montaña de material de desperdicio de la explotación minera. Al parecer éste era arrojado hacia el fondo del barranco, en dirección al río y ha quedado allí como mudo testigo de ese atentado a la ecología. De un extraño color ocre como el azufre, el borde superior de este material se encuentra a la altura del camino y está siendo erosionado por el agua de lluvia que produce en él profundos surcos. Todo el conjunto es muy inquietante.

Más adelante se verá como los ríos de montaña Huimayvo y Munérachi desaguan en el Batopilas desde la vertiente opuesta a la que se encuentra el camino.

A cada tanto podrá observarse en la lejanía y sobre las laderas de las montañas, en lugares que parecen inaccesibles, pequeños asentamientos rarámuris.

Esta etnia casi no conforma pueblos, su número parece ser actualmente muy similar al que existían cuando arribaron los jesuitas, unos 40.000 individuos.

Han conseguido sobrevivir permaneciendo aislados en la sierra, atravesándola a pie por senderos que sólo ellos transitan con inusual vigor y tienen serias razones históricas para desconfiar de los extraños. Todo esto debe ser tenido muy en cuenta por quienes visitan estos lugares.

El camino será pródigo en paisajes interesantes porque hasta Batopilas seguiremos el curso del río observando las montañas desde el fondo del cañadón.

UN PUEBLO MÁGICO
Batopilas es un pueblo de cuentos, cuya historia y aspecto actual tienen todos los condimentos para hacerlo inolvidable.
Su origen se remonta al 1708, cuando un tal Pedro de la Cruz descubrió aquí una rica veta de plata. Hay que recordar que la ambición de los mineros y la tenacidad de los jesuitas fueron los dos motores de la colonización de la región.

En 1709 un gobernador chupamedias, muy al uso de la época, bautizó al sitio como San Pedro Alcántara de Albuquerque, para agraciar al virrey. Este nombre, felizmente no prosperó, aunque la explotación minera atrajo a muchos aventureros y produjo algunas notables fortunas.

Para la época de la independencia nacional, un famoso minero "gachupín" de la zona, Angel de Bustamante, llegó a obtener del rey Fernando VII el ostentoso título nobiliario de Marqués y Comendador de San Fernando, como compensación por los tributos que hacía a la corona.

A fines del siglo XIX, apareció por la zona otro personaje, un gringo llamado Alexander R. Sheperd. Según algunos era un ex gobernador del distrito de Columbia, según otros ex alcalde de Washington, probablemente ambas cosas. La cuestión es que tenía a su cargo una compañía norteamericana que explotaba las mejores minas de Batopilas.

Prendado por el lugar decidió en 1880 vivir aquí con el mismo lujo y comodidades de su lugar de origen. Construyó una mansión a orillas del río, cuyas ruinas aún subsisten como mudo testigo de aquellas épocas de bonanza. También mandó traer a lomo de mula a través de montañas y barrancas, cosas tan insólitas para la región como vajillas y bañeras de porcelana, pianos y hasta sirvientes ingleses. Vivió en este lugar durante más de 30 años gozando del beneplácito del régimen porfirista.

Esta prosperidad produjo algunos hechos insólitos, como por ejemplo que Batopilas fuera la segunda localidad en territorio mexicano en contar con servicio de luz eléctrica, sólo superada por la propia ciudad capital de la República.

Al conocer hoy este pequeño pueblo perdido entre las montañas, al que cuesta trabajo llegar aún a comienzos del siglo XXI, todo esto parece más extraño. Es difícil hasta imaginar cómo se sacaba de aquí el mineral a lomo de mula cruzando los gigantescos precipicios.

BATOPILAS
Al ingresar a la población por la margen opuesta del río, se pueden observar algunas antiguas bocas de mina que horadan la pared de la montaña directamente sobre el camino.

Se atraviesa un angosto puente de una sola vía y se ingresa a la única calle del pueblo, que sólo mas adelante se dividirá en dos ramales paralelos. Las casas son por lo general muy antiguas, y en algunos patios y jardines se ven árboles de palta y mango y plantas de Santa Rita cubiertas de flores. Abundan las altas palmeras. El conjunto es muy agradable, parece un sitio tropical y de extraña conformación alargada, construido en la estrecha garganta entre la montaña y el río.

Al fondo del pueblo destaca la iglesia centenaria y frente a una diminuta plaza el Palacio Municipal de elegante arquitectura. Aquí están los escasos edificios que poseen dos plantas, todos ellos de estilo colonial.

A la altura de este lugar que constituye el centro político institucional del pueblo, cruza el río un largo puente colgante peatonal, con piso de listones de madera y bordes de alambre tejido, por el que cuesta mantener el equilibrio al caminar.

Debajo del puente, hacia un lado pude observar un distendido grupo de mujeres que lavaban la ropa en el río en bucólica escena y en la orilla opuesta un fuerte retén militar, que incluía soldados con fusiles atrincherados detrás de numerosas bolsas de arena y varios vehículos de transporte de tropas estacionados allí, sobre el lecho pedregoso del río, pero a la sombra de enormes árboles. Un grupo de soldados también aprovechaba la ocasión para lavar allí su jeep.

Este fuerte contraste es propio de la realidad del norte de México y particularmente de esta zona, donde la pacífica rutina cotidiana de su población convive con un sordo enfrentamiento entre las fuerzas armadas y el narcotráfico que aprovecha las condiciones de aislamiento y pobreza para producir y transportar marihuana.

El presidente municipal cuando nos fue presentado, al advertir nuestro inevitable acento argentino hizo gala de sus condiciones de político "colmilludo" y en el acto nos felicitó por los excelentes futbolistas que producíamos. Una joven médica del hospital local, por su parte, nos relató sus dificultades para convencer a las mujeres rarámuris de que debían desnudarse para una revisación o su absoluta negativa a que alguien las pudiera asistir durante el parto.

Las calles del pueblo están empedradas y por ellas circulan tanto modernísimas camionetas como ganado suelto, población mestiza o Rarámuris, cada quien con su atavío en otro vivo contraste.

Como una cabal muestra de esta situación, Batopilas solo cuenta con un par de modestos hospedajes y un insólito hotel de cinco estrellas, administrado por un gringo excéntrico que ha reciclado una magnífica construcción colonial rodeada de hermosísimos patios con jardines y ambientado sus aposentos con muebles coloniales, camas con baldaquino y bañeras antiguas. Sus precios son los de cualquier cinco estrellas del mundo y supongo que sus clientes serán émulos de Alexander Sheperd o nostálgicos de su historia que huyen por unos días del estrés del primer mundo.

Mi propuesta es instalarse en alguno de los alojamientos del lugar por lo menos una noche, ya que arribando allí al mediodía se puede aprovechar la tarde para recorrer el pueblo y la mañana siguiente emplearla para caminar hasta Satevó.
Para almorzar recomiendo averiguar con los vecinos ya que algunos de ellos ofrecen un excelente servicio en sus propios domicilios. Recuerdo haber comido un exquisito pescado de río acompañado de arroz a la mexicana, en el living de una casa frente al río cuya dueña lo había acondicionado con un par de mesitas y dónde ella misma preparó en ese momento la comida.

Se puede regresar a Creel el mismo día si se cuenta con un vehículo apropiado y un chofer que pueda resistir otras siete horas de marcha, además del tiempo que demorará conocer el lugar, pero no me parece el programa más recomendable.

Para estancias mas prolongadas, es útil saber que puede recorrerse a pie o a caballo una senda que enlaza Batopilas con la localidad de Urique, al fondo de la afamada Barranca del mismo nombre. La distancia es considerable.

FIN DE TRAVESÍA
Satevó, nuestro lugar de destino final se encuentra a seis kilómetros al sur de Batopilas. Siguiendo el camino a la orilla del río no hay posibilidad de perderse.

La Misión de Satevó fue construída por los jesuitas al comenzar la evangelización de la Baja Tarahumara, con el fin de convertir a los miembros de una etnia llamada Tubares, que no resistió el dominio y la explotación de la conquista española y lamentablemente ha desaparecido.

La enorme y solitaria iglesia aparecerá a la vista mucho antes de llegar, al centro de un encantador valle, rodeado por montañas cuyo intenso y variado colorido es muy atractivo.

Lo imponente de la zona y el hecho de que existen solo unas pocas casas dispersas alrededor del templo, destacan aún más la presencia de éste, en ese bucólico paisaje.

Para la época de mi visita, el frontispicio había sido blanqueado por lo que contrastaba vivamente con las altas paredes laterales de piedra rojiza y destacaba su única torre campanario de tres pisos, que remata en una elaborada cruz de metal.
La iglesia tiene techo abovedado, una gran cúpula sobre el altar y otras menores laterales. Su atrio está rodeado por pequeños muros de piedra viva, al centro del cual hay una pequeña cruz sobre un montículo de ladrillos.

El terreno es bastante árido y sólo lo adornan algunos desarrollados cactus de órgano a los que empequeñece la cercanía de los paredones.

Para ingresar al templo fue necesario requerir la llave en una casa vecina. Su interior es absolutamente despojado. El piso tiene grandes baldosones rústicos, las paredes están revocadas y pintadas a la cal y sólo las adornan un par de telas con imágenes religiosas y sobrias tallas de santos en madera policromada.

Con cierto riesgo, era posible ascender al campanario para observar el panorama desde arriba. Todo el conjunto transmitía una sensación de serenidad casi atemporal.

Las construcciones jesuíticas de esta zona son muy sobrias comparadas con los templos de otras órdenes en diversas regiones de México.

Los cerros de alrededor tienen una rara belleza, pero lo que verdaderamente nos golpeará el alma al visitar este lugar es que será imposible substraerse al dramatismo de saber que estamos frente a una obra humana de incalculable esfuerzo cuyos principales impulsores acabaron expulsados de América y cuyos destinatarios, peor aún, fueron cruelmente exterminados.

EL ÚLTIMO VIAJE
El destino final en nuestro recorrido por la Sierra Tarahumara es la Cascada de Basaseachi o Basaseáchic, formas corruptas del antiguo topónimo rarámuri Basacheáchic, ubicada dentro del extenso Parque Nacional del mismo nombre.

Será indispensable utilizar un vehículo, para este viaje.

Desde Creel la distancia a recorrer es de 120 kms, lo que puede significar dos horas y media o tres de marcha, de acuerdo a las condiciones del camino.

La ruta pavimentada parte en dirección a Chihuahua, y atraviesa la localidad de Bocoyna, prosiguiendo hasta el atractivo pueblo maderero de San Juanito, ubicado a 2348 mts de altitud.Desde allí, se abandona la ruta y girando a la izquierda se toma un camino de terracería hacia Basaseachi.

El paisaje aquí es el típico de la Alta Tarahumara, con mesetas cubiertas de bosques de pino aunque en algunas zonas se ven los efectos de la deforestación que produce la industria de la madera.

Las formaciones rocosas y las vistas panorámicas de las montañas boscosas son tan espectaculares como en otras partes de la región, pero este camino va por la alta meseta y no cruza barrancas o cañones tan abruptos como se ven en otros sitios.
Se irán dejando atrás las localidades de Huevachi, una zona conocida como "Piedras de Lumbre" y Cajurichi, antes de ingresar al Parque Nacional Basaseachi.

En Cajurichi existe una Misión fundada en 1688, conocida como Nuestra Señora de Aranzazu de Cajurichi.

El último tramo se combina con un breve trecho de la ruta pavimentada nacional 16.

EN EL PARQUE NACIONAL
La cascada de Basaseachi es un larguísimo hilo de agua que se despeña a lo largo de un paredón de basalto de 246 mts de altura, hasta el fondo de una imponente garganta, donde el agua forma una profunda olla, rodeada al principio por inmensas piedras sueltas y más lejos con un atractivo semicírculo de pinos. Todo el escenario es imponente.

Su altura la trasforma, según dicen, en la cuarta más alta de América y la vigésima a nivel mundial. Mas allá de las estadísticas, el lugar es fantástico.

El río, bajo el nombre de Agua Caliente y como afluente del río Mayo discurre luego por las profundas oquedades de la Barranca de Candameña, una de las mas impresionantes de la región.

La cascada de Basaseachi es de fácil acceso, ya que el camino llega prácticamente hasta uno de sus miradores principales, pero para conocerla verdaderamente habrá que esforzarse algo. Puede observársela muy bien desde cuatro miradores a diferentes niveles desde la barranca que la enfrenta. El quinto mirador se encuentra directamente sobre el punto superior de la caída de agua.

Para recorrerlos a todos habrá que tener buena preparación física y calzado adecuado, ya que en todos los casos se partirá desde el nivel superior por senderos bien señalizados pero bastante escarpados, y habrá que calcular bien el esfuerzo para no agotarse en el regreso que siempre será cuesta arriba. Las vistas en todos los casos serán excelentes y compensarán la fatiga.

La cascada alcanza su esplendor hacia fines del otoño que es la época lluviosa. En primavera y sobre todo en el verano la temperatura durante el día puede ser agobiante. En invierno la zona es fría y por las noches la temperatura suele estar bajo cero.

No son muy recomendables las visitas en feriados, "puentes" o temporada de vacaciones, ya que la afluencia de gente conspira contra la belleza natural y la tranquilidad del lugar. Fuera de temporada y en días de semana suele estar casi desierto.

En el cercano pueblo de Basaseachi, a 2200 mts de altura, hay disponibilidad de alojamiento modesto y zona para acampar.
Desde esta localidad se puede acceder al mirador de "La Ventana", desde el cual observar parte de la Barranca de Candameña. Puede incluso descenderse al fondo de la misma.

Desde la población de Huajumar, a 2160 mts de altitud y unida por camino de terracería con Basaseachi, parte un camino rural de unos cinco o seis kms hasta un sitio en que pueden dejarse vehículos y tomar desde allí senderos montañosos hasta los miradores del "Cerro de la Corona" o del "Cerro de la Yegua", ambos cercanos a los 2300 mts de altitud, desde los cuales hay vistas panorámicas de diferentes sectores de la Barranca de Candameña.

EPÍLOGO
Finalmente, en algún punto del Parque Nacional Basaseachi está la Cascada de la Piedra Bolada, que según dicen es aún más alta que la que da nombre al parque. Lamentablemente no pudimos conocerla por problemas de tiempo y falta de un guía adecuado.

Descubrir una cascada de nombre tan sugerente puede ser un incentivo extra para llegarse hasta esta región, pletórica de bellezas naturales, ideal para recorrerla con calma, combinando viajes en vehículos con caminatas, paseos a caballo o en bicicleta. Montañas y barrancas majestuosas habitadas desde tiempo inmemorial por una etnia que se ha preocupado por preservar su cultura y modo de vida.

Los invito a intentarlo y compartir luego con nosotros su experiencia.

Me despido recordando una frase de Antonin Artaud que sintetiza con exquisita sensibilidad lo que esta región puede producir en quien se decida a conocerla:

"En la montaña tarahumara todo habla de lo esencial; es decir, de los principios según los cuales se ha formado la naturaleza. Y todo vive por obra de estos principios: el hombre, las tempestades, el viento, los silencios, el sol".

Bibliografía (de toda la sección)

"Los Indios de México", de Fernando Benítez- Tomo 1 – Biblioteca Era- Serie Mayor- México, 1981.-
"México y Viaje al País de los Tarahumaras", de Antonín Artaud – Fondo de Cultura Económica – México DF, 1995.-
"Los Tarahumaras", de Ascensión Amador Naranjo – Agualarga Ediciones y Ediciones Monarca – México, s/f.
"El México Desconocido", de Carl Lumholtz, M.A. (edición facsimilar) – Instituto Nacional Indigenista – México 1981.-
"Tiempo Suspendido", de Pedro Tzontémoc - Fotografía sobre la ruta de Antonín Artaud en la Sierra Tarahumara – Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos – Grupo Editorial Casa de las Imágenes. S.A.de C.V. – México 1995.-
"El Estado de Chihuahua"- México 1998.-
"Guía Turística de la Sierra Tarahumara, Chihuahua" – Publicación de SECTUR, el Gobierno del Estado de Chihuahua, Acuerdo Mexicano Para el Desarrollo, A.C. y la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad.
"Rutas Ferroviarias" – Ferrocarriles Nacionales de México – Enero 1995.-
"Peregrinaje por la Sierra Madre", artículo de Paul Salopek y fotografías de María Stenzel, en National Geographic en español – Junio 2000.-
Revista Altair No. 8 – "México el Norte y las Tierras Altas", Barcelona - España – Noviembre y diciembre 2000.-

HOTELERIA EN LA REGION



Hospedajes en Los Mochis, Edo. de Sinaloa:
Hotel Colinas Resort * * * * * (68) 11 81 11 Carret. Intern. 15
Hotel El Dorado * * * * (68) 15 11 11 Gabriel Leyva 525 Nte.
Hotel Catalina * * * (68) 12 12 40 A.. Obregón 48 Pte.
Hotel América * * * (68) 12 13 55 Allende 655 Sur
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Hospedajes en El Fuerte, Edo de Sinaloa
Hotel Posada del Hidalgo (689) 30 24 2
Hotel El Fuerte (689) 30 22 6

Hospedajes en la Sierra Tarahumara

Creel
Motel Cascada Inn * * * (145) 6 01 51
Motel Parador de la Montaña * * * (145) 6 00 75
Motel Nuevo Barrancas del Cobre * * * (145) 6 00 22
Hotel Plaza Mexicana * * * (145) 6 02 45
Hotel Korachi * * (145) 6 02 07
Cabaña Bertis * * (145) 6 00 86
Albergue Pensión Creel * * (145) 6 00 71
Albergue Posada de Creel * * (145) 6 01 42
Cabañas Hostal Cueva Leones * * * (14) 10 10 77
Cabañas Miledy * * * (145) 6 00 69
Cabañas Montebello * * (14) 23 06 43
Casa de Huéspedes Margarita (145) 6 00 45
Casa de Huéspedes Valenzuela

Arareko
Cabañas Segórachi (145) 6 01 26
Albergue Batosárachi (145) 6 01 26

Cuzárare
Cabañas Cañón del Cobre (14) 16 65 89

Batopilas
Hotel Riverside Lodge * * * * * (145) 6 00 32 / 33 / 24
Hotel Casa Real de Minas * * * (14) 15 82 14
Hotel Mary * (14) 10 52 24

Basaseachi
Cabañas Rancho San Lorenzo * * * (14) 21 16 76
Cabañas Villa Alpina * * (14) 15 22 22
Motel Alma Rosa * * (14) 10 64 22

El Tejabán
Cabañas Tejabán * * (146) 2 12 47

Divisadero
Hotel Posada Barrancas Mirador * * * * (14) 16 65 89
Hotel Posada Barrancas Rancho * * * * (14) 16 65 69
Hotel Cabañas Divisadero Barrancas * * * (14) 15 11 99
Hotel Mansión Tarahumara * * * (14) 16 54 44

Cerocahui
Hotel Misión * * * (14) 16 65 89
Hotel Paraíso del Oso * * (14) 14 68 11
Cabañas Cañón de Urique * *

Guachochi
Hotel Melina * * (154) 3 02 55
Hotel Chaparro * * (154) 3 00 05

OTRAS DIRECCIONES Y TELEFONOS UTILES
Ferrocarril Chihuahua al Pacífico:
FERROMEX Los Mochis (68) 15 77 75 / 11 82 10 / 15 73 55
FERROMEX Chihuahua (14) 16 69 75 / 37 13 21
FERROMEX Creel (145) 60 01 5

Servicio de Ferry:
Transbordadores SEMATUR
Mazatlán: Terminal de Transbordadores (69) 81 70 20 / 21 , Fax: 23
La Paz: (112) 5 46 66 / 5 38 33 y Terminal Pichilingue (112) 2 50 05, Fax: 5 57 17
Topolobambo: Muelle Fiscal (686) 2 01 41, Fax 2 00 35
Distrito Federal: 52 86 16 17
Informes: 01 800 696 96 00
e-mail: www.ferrysematur.com.mx/sematur.htm

Autobuses:
ETN (Enlaces Terrestres Nacionales) en el DF: 47 16 84 34 / 52 72 86 90 / 55 67 96 34
Transportes del Pacífico, en Mazatlán (69) 82 05 77 ó 81 51 56; en Guadalajara: 60 00 33 9
Tres Estrellas de Oro, en el DF: 57 29 07 30; en Mazatlán (69) 85 17 36
Estrella Blanca, en el DF: 57 29 07 55; en Chihuahua: (14) 10 49 87 ó 10 10 01
Ómnibus de México, en el DF: 55 67 67 56

A Los Mochis hay servicios directos de autobuses desde el DF, Morelia, Guadalajara y Puerto Vallarta, entre otros destinos del área central mexicana. En el Distrito Federal, los servicios hacia éstas regiones parten de la Terminal Central del Norte, en la Avenida de los Cien Metros 4907.

Hay servicios de camionetas en la Sierra Tarahumara: a Batopilas viaja el Transportes Batopilas (14) 10 14 79 y a Guachochi el Rápidos de Guachochi (14) 16 72 68, fax (14) 10 86 97.

Oficinas de Información Turística:
En la ciudad de Chihuahua: Coordinación General de Turismo, Patio Central de Palacio de Gobierno, tel (14) 10 10 77 ó 01 800 8495200, fax: (14) 16 00 32
e-mail: cturismo@buzon.chihuahua.gob.mx
En Mazatlán ,Sinaloa: Oficina de Turismo del Estado (69) 15 51 60 al 65, fax: 15 51 66 / 67
En Culiacán, Sinaloa: telfax (67) 17 84 19
En Los Mochis, Sinaloa: telfax (68) 12 66 40
Asociación de Hoteles y Moteles de Los Mochis: telfax (68) 18 39 92

En Internet:
Página de la Secretaría de Turismo de México: www.visitmexico.com
Página de una Asociación de ciclistas de montaña, con un interesante relato de un viaje entre Creel y Batopilas en bicicross: www.meb.com.mx/chihuahua/barranca



Información útil para viajar a la Sierra Tarahumara
Principales Barrancas y Precipicios

Nombre Cima Nivel del río Profundidad del cañon
Urique 2370 mts 500 mts 1870 mts
Sinforosa 2528 mts 700 mts 1828 mts
Batopilas 2500 mts 700 mts 1800 mts
Candameña 2540 mts 900 mts 1640 mts
Chínipas 1998 mts 400 mts 1598 mts
Oteros 2220 mts 700 mts 1520 mts
Del Cobre 2300 mts 1000 mts 1300 mts

Fiestas tradicionales de los Rarámuris:

Semana Santa: esta festividad tiene cada año una fecha móvil entre marzo y abril. Constituye el mayor festejo de la cultura autóctona y se ha especulado que ello ocurre en razón de coincidir con el inicio del ciclo agrícola. La fiesta dura no menos de tres días, es convocada mediante la percusión de tambores y culmina con la quema de un muñeco o "judas" que siempre tiene el aspecto de un "chabochi" que es como los rarámuris llaman a todo el que no pertenece a su raza. Se pone allí de manifiesto el particular sincretismo de las creencias rarámuris. Las celebraciones reúnen a las comunidades indígenas en las localidades de Arareko, Cuzárare y Norogachi.

Fiesta de San Ignacio: el 30 de julio se celebra en la Misión de San Ignacio de Arareko, la festividad conmemorativa del patrono de ese sitio, también con música y danzas.

Fiesta de la Virgen de Guadalupe: el 12 de diciembre, como en todo México se celebra a la Guadalupana, aunque aquí también con muy particulares características los rarámuris confluyen en Arareko, Cuzárare y Norogachi.

Fiestas Patronales de los poblados mestizos:

Fiesta de San Juan: el 24 de junio el poblado de San Juanito festeja a su patrono.
Fiesta de la Virgen del Carmen: se festeja el 16 de julio en Batopilas.
Fiesta de Santa Rosa de Lima: el 30 de agosto en Uruachi.
Fiesta de Santa María de Monserrate: el 8 de septiembre en Urique.
Fiesta de Santa Bárbara: el 4 de diciembre en Maguarichi.

Recorridos para caminatas en turismo de aventura de varios días:
(referencias al final de la Tabla)

Itinerario Dificultad Temporada Tabla recomendaciones
Arareko-Cañón Tararecua-Cascada de Rukiraso-Recowata-Río Urique-Divisadero 3 febrero a junio y octubre a diciembre A–D–E-F
Divisadero (brecha)-Barranca Del Cobre-Río Urique-Churo-Cuiteco 3 febrero a junio y octubre a noviembre A-B-D-E-F-G
Divisadero-Mesa de Guacayvo-Churo-Barranca del Cobre-Urique 2 todo el año A-B-D-E-G
Urique-Los Alisos-Cerro Colorado-Barranca de Batopilas (brecha) 2 todo el año A-B-D-E-G
Puente de Humirá-Barranca del Cobre -Tejabán-Cuzárare 3 abril a junio y octubre a noviembre A-C-D-E-F-G
Tejabán-Barranca del Cobre -Río Urique- Divisadero (brecha) 3 abril a junio y octubre a noviembre A-D-E-F-G
Creel-Basíhuare-Cañón de la Bufa-Batopilas (Camino Real) 3 todo el año A-B-D-E-G
Basaseachi-Barranca Candameña - Coscomates 2 febrero a julio y octubre a diciembre A-C-D-E-G
Cumbres de Sinforosa (brecha) - Barrancas Sinforosa-Guerachi 2 enero a mayo y octubre a diciembre A-C-D-E-F-G
Guachochi-Barranca Sinforosa-Guerachi-Río S.Miguel-Batopilas 4 febrero a mayo y octubre a noviembre A-C-D-E-F-G

Grado de dificultad:

1) de uno a dos días, cerca de poblados y vías de comunicación, pendientes accesibles, poco esfuerzo físico.
2) de tres a seis días, escasos poblados y vías de comunicación, pendientes pronunciadas, se requiere tener buena condición física.
3) de cinco a doce días, alejado de poblados, pendientes pronunciadas, mucho esfuerzo físico.
4) de diez a veinticinco días, sitios aislados e incomunicados, pendientes peligrosas, mucha disciplina física y mental. Sólo especialistas.

Tabla de Recomendaciones:

A- Es necesario contratar guías que conozcan el recorrido.
B- Se requiere contratar arrieros con mulas.
C- Contratar servicios de transporte para el regreso.
D- Equipo técnico de mapas, brújula, cuerdas, equipo de campismo y excursionismo.
E- Equipo de seguridad, botiquín personal y de grupo.
F- Equipo para agua: chalecos salvavidas, materiales impermeables, mochila para río, etc.
G- Equipo especial de supervivencia, radiotransmisores, etc.

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