1 y 2 DE NOVIEMBRE:
RITUAL DE DÍA DE MUERTOS EN YUCATÁN

Por Hugo Borges*


Yucatán se encuentra en la zona Sureste de México, en la península del mismo nombre. Yucatán es un Estado con mucha tradición cultural, arraigada desde tiempos prehispánicos cuando los mayas vivían en ciudadelas hasta la caída de Chichén Itzá en manos españolas.

Los asentamientos españoles dieron origen a las colonias franciscanas y con estas surgieron muchas tradiciones. Sin duda la más importante es la del Día de Muertos.

Gracias a este sincretismo, el cual es la unión de dos culturas diferentes, que en este caso es la española y la maya, dieron origen al Hanal Pixán que es el Día de Muertos en esta parte de México.


Las palabras Hanal Pixán son pronunciadas en idioma maya, en castellano quiere decir “Comida de las Ánimas”. Estos célebres días empiezan con el Día de los Niños Muertos, el cual se celebra el 31 de octubre, dando el paso a los días de los adultos, los cuales son el 1 y 2 de Noviembre.


Durante estos días, en todas las casas se coloca una mesa con un mantel blanco, en el cual se colocan flores de diversos colores, velas, fotografías de los familiares fallecidos, así como comida, dulces y bebidas con y sin alcohol las cuales deben ser de las favoritas del familiar muerto, las cuales al día siguiente serán comidas por las personas que habitan dicha vivienda.

También se le coloca chocolate bebible y pozole con coco, el cual es una bebida hecha con masa de maíz prensado y coco, todo esto servido en jícaras, que son una especie de vasija hecha de un fruto del tamaño de un pomelo en el cual los antiguos mayas utilizaban para beber agua. Para el día de los niños, además de poner estas ofrendas en la mesa se le agregan juguetes los cuales usaba el niño en vida.

En cuanto a la gastronomía especial de estas fechas, se encuentra el pib o también llamado mucbilpollo.
El mucbilpollo es un enorme pastel redondo, como de treinta centímetros de diámetro, hecho de masa de maíz y manteca, relleno de pollo, cerdo y condimentado con tomate y ají. Luego es envuelto en enormes hojas de plátano, (como los tamales), y es cocido en un gran hoyo bajo de la tierra o en hornos caseros.

Este plato tiene una historia, y ésta nos traslada a otras épocas, donde los ancestros mayas enterraban a sus difuntos sin ataúdes en las partes traseras de sus casas. Antes de sepultarlos, se les abría la boca y se les colocaba maíz cocido llamado “Keyem”. Este ritual funerario se empleaba para que el fallecido no pasara hambre en su viaje en el más allá.

El misticismo que conlleva esta celebración no sólo se basa en la ofrenda de alimentos, sino en la alegría de saber que durante estos días del año, según la tradición oral, los muertos en esencia bajan al mundo de los vivos a convivir con nosotros y a disfrutar de los alimentos que se han puesto en su honor a esto se le llama “tomar la gracia”, todo esto es una mezcla de nostalgia y felicidad.

Además de la comida y bebida, también se prende incienso, ya que la tradición menciona que los muertos para poder llegar a las casas perciben el olor que sale de los sahumerios y emprenden ese camino para llegar a su ofrenda.

Es importante para el mexicano y en especial el yucateco, mantener vivas estas tradiciones para que con el paso del tiempo nunca desaparezcan y sigan siendo parte de nuestro entorno mestizo.

*Hugo Borges es fotógrafo, yucateco, vive en Argentina y es colaborador en el portal.

 

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