SALVADOR "CHAVA" FLORES

Por Ana Cecilia Pujals *

El Portal de México recuerda a Salvador “Chava” Flores – El Cronista Musical de la Ciudad de México – a 20 años de su fallecimiento.

Chava Flores fue algo así como un juglar moderno a la hora de contar y cantar los aconteceres de la vida cotidiana en la Ciudad de México, particularmente la que transcurre en las vecindades, la calle, los mercados y las fiestas. La marca registrada de Chava Flores es lo popular, y de forma más íntima, lo sueños y las ilusiones del mexicano promedio.

La vida de Chava Flores estuvo marcada por su origen netamente popular: nació el 14 de enero de 1920, en la ciudad de México, D.F., en la calle de Soledad, en el barrio de La Merced. Su vida transcurrió en sinfín de barrios: Peralvillo, San Rafael, Guerrero, Doctores, Roma, Romita, Santa María la Ribera, entre vecindades y gente humilde que podía pelear por un lavadero, pero al fin solidaria y panchanguera.

Su padre falleció cuando él tenía 13 años así que tuvo que empezar a trabajar para ayudar al sostenimiento de su casa. Cosió corbatas, fue cobrador, y hasta contador sin tener estudios. Tuvo una tienda de ropa para señores en el centro, vendió cuadros, calcetines, zapatos; administró una ferretería en quiebra, tuvo una salchichonería, repartió carne y trabajó en una imprenta. Este último trabajo lo puso en contacto con la bohemia de la música y para 1951, ya había compuesto su primer corrido: Dos horas de balazos, inspirado en sus héroes del oeste norteamericano tan de moda en ese tiempo.

Un año después, ya estaba grabando su segundo éxito La tertulia que quedó grabada junto con Dos horas de balazos el 11 de enero de 1952 por RCA Víctor. A estas composiciones siguieron: La boda de vecindad, La Bartola, La interesada, Un chorro de voz, El gato viudo, Ingrata pérjida y Llegaron los gorrones. Sus canciones eran populares hasta en los Estados Unidos, donde ya había una gran población hispanoparlante.

Su vida artística transcurrió entre carpas, cabarets y cine. Actuó en seis películas que él mismo calificó de “Churros” ( ** se le llaman así a las películas de mala calidad) : Mi influyente mujer (1955), La esquina de mi barrio (1957), Rebeldes sin causa, Bajo el cielo de México, El correo del norte y La máscara de la muerte.

Chava Flores también se dedicó a la investigación y recopilación de música popular mexicana: contaba con música de la colonia a la época romántica.

Sin embargo, durante un tiempo, Chava Flores y su música estuvieron olvidados. Corrían los años sesenta y principios de los setenta con la psicodelia en pleno auge.

Hacia 1973, los jóvenes re-descubrieron a Chava, y él cariñosamente los apodaba “La Chamacada”. Se le hicieron varios homenajes y participó de innumerables festivales. Trabajó en varias peñas folclóricas de la Ciudad de México y su público le era muy fiel.

En 1986 se fue a vivir a Morelia, Michoacán; ahí trabajó intensamente en el Sistema Michoacano de Radio y Televisión donde tenía un programa en el canal 2, que a su vez se retransmitía en los canales 7 y 13 de la Ciudad de México para todo el país. En esa etapa escribió su libro Relatos de mi barrio.

En agosto de 1987 enfermó y fue trasladado a la Ciudad de México, donde falleció el 5 de ese mismo mes y año. En su entierro se entonaron las notas de la famosa Oye Bartola.

La herencia de Chava quedó plasmada en sus discos y en una interesante investigación que realizó su hija María Eugenia y que publicó en el libro El Cancionero de Chava Flores.

* Ana Cecilia Pujals - periodista mexicana, conductora del programa radial "Con X de México"- vive en Buenos Aires, Argentina.

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