CANCIONERO MEXICANO ANÓNIMO
Corridos de la Revolución Mexicana


La Cucaracha

La Cucaracha, la Cucaracha
ya no puede caminar
porque no tiene, porque le falta
marihuana que fumar.

La Cucaracha, señores,
siempre fue una mascotilla
y además linda muchacha
que llevaba Pancho Villa.

Una vieja y un viejito
se cayeron en un pozo
y la viejita decía
que viejito más sabroso.

La Cucaracha, la Cucaracha
ya no puede caminar
porque no tiene, porque le falta
marihuana que fumar.

Las mujeres son el diablo,
parientes de Lucifer,
se visten por la cabeza,
se desvisten por los pies.

Las mujeres de mi tierra
no saben ni dar un beso,
en cambio las mexicanas
hasta estiran el pescuezo.

La Cucaracha, la Cucaracha
ya no puede caminar
porque no tiene, porque le falta
marihuana que fumar.


Carabina 30-30


Con mi treinta treinta me voy a alistar
a engrosar las filas de la rebelión,
para conquistar, conquistar libertad
a los habitantes de nuestra nación.

Con mi treinta treinta me voy a pelear
y a ofrecer la vida en la revolución,
si mi sangre piden, mi sangre les doy
por los habitantes de nuestra nación.

Carabinas treinta treinta
que los rebeldes cargamos,
y decían los huertistas
que con ellas no matamos.

Gritaba Francisco Villa:
dónde te hallas Argumedo?
nos veremos en Bachimba
tu que nunca tienes miedo.

Madre mía de Guadalupe,
tu me has de favorecer,
para no rendir las armas
hasta morir o vencer.

Ya nos vamos pa’ Chihuahua,
ya se va tu negro santo,
si me quebra alguna bala
ve a llorarme al camposanto.


La Adelita


En lo alto de una abrupta serranía
acampado se encontraba un regimiento
y una moza que valiente le seguía
locamente enamorada del sargento.

Popular entre la tropa era Adelita,
la mujer que el sargento idolatraba,
porque a más de ser valiente era bonita,
y hasta el mismo coronel la respetaba.

Y se oía que decía
aquel que tanto la quería:

Soy soldado y la patria me llama
para sus campos, que vaya a pelear,
Adelita, Adelita de mi alma,
no me vayas por Dios a olvidar.

Si Adelita se fuera con otro,
la seguiría por tierra y por mar,
si por mar en un buque de guerra,
si por tierra en un tren militar.

Y si Adelita quisiera ser mi esposa,
y si Adelita ya fuera mi mujer,
le compraría un rebozo de seda
para llevarla a bailar al cuartel.


El barzón



Esa tierras del rincón
las sembré con un buey pando,
se me reventó el barzón
y sigue la yunta andando.

Cuando llegué a media tierra
el arado iba enterrando,
se enterró hasta la telera,
el timón se deshojó,
el barzón se iba trozando,
el yugo se iba pandeando,
el sembrador me iba hablando;
yo le dije al sembrador,
no me hable cuando ande arando.
Se me reventó el barzón
y sigue la yunta andando.

Cuando acabé de pizcar,
vino el rico y lo partió,
todo mi maíz se llevó
ni pa’ comer me dejó,
me presenta aquí la cuenta:
aquí debes veinte pesos
de la renta de unos bueyes,
cinco pesos de magueyes,
una anega, tres cuartillas de frijol
que te prestamos,
una anega, tres cuartillas
de maíz que te habilitamos,
cinco pesos de unas fundas
siete pesos de cigarros.

Seis pesos…no sé de qué
pero todo está en la cuenta!
a más de los veinte reales
que sacaste de la tienda,
con todo el maíz que te toca
no le pagas a la hacienda,
pero cuentas con mi tierra
pa’ seguirla sembrando.
Ora vete a trabajar
pa’ que sigas abonando.

Nomás me quedé pensando
sacudiendo mi cobija,
haciendo un cigarro de hoja.
Que patrón tan sinverguenza!
to’ mi maíz se llevó
para su maldita troje!
Se me reventó el barzón,
y sigue la yunta andando.

Cuando llegué a mi casita,
me decía mi prenda amada:
on’ta el maíz que te tocó?
le respondí yo muy triste:
el patrón se lo llevó
por lo que debía en la hacienda,
pero me dijo el patrón
que contara con la tienda.

Ora voy a trabajar
para seguirle abonando,
veinte pesos, diez centavos
son los que salgo restando.
Me decía mi prenda amada:
ya no trabajes con ese hombre,
nomás nos está robando
anda al salón de sesiones
que te lleve mi compadre,
ya no le hagas caso al padre,
el y sus excomuniones!
Qué no ves a tu familia
que ya no tiene calzones?
Ni yo tengo ya faldillas
ni tú tienes pantalones.

Nomás me quedé pensando,
me decía mi prenda amada:
que vaya el patrón al cuerno!
cómo tuviéramos de hambre
si te has seguido creyendo
de lo que te decía el cura,
de las penas del infierno.
Viva la revolución!
Muera el supremo gobierno!
Se me reventó el barzón
y siempre seguí sembrando!

La toma de Zacatecas

El veintitrés de junio
hablo con los demás presentes,
fue tomada Zacatecas
por las tropas insurgentes.

Ya tenían algunos días
que se estaban agarrando
cuando llegó Pancho Villa
a ver que estaba pasando.

Las órdenes que dio Villa
a todos en formación:
para empezar el combate
al disparo de un cañón.

Al disparo de un cañón
como lo tenían acordado
empezó duro el combate
del lado derecho e izquierdo.

Le tocó atacar La Aguja
a Villa, Urbina y Natera,
por ahí tenía que verse
lo bueno de su bandera.

Las calles de Zacatecas
de muertos ya tapizadas,
lo mismo están los cerros
por el fuego de granadas.

Ay! Hermoso Zacatecas
mira cómo te han dejado,
la causa fue el viejo Huerta
y tanto rico hacendado.

Ahora sí, borracho Huerta
harás las patas más chuecas
al saber que Pancho Villa
ha tomado Zacatecas.


De la toma de Zacatecas

Voy a cantar estos versos,
de tinta tienen sus letras,
voy a cantarles a ustedes
la toma de Zacatecas.

Mil novecientos catorce,
mes de junio veintitrés,
fue tomado Zacatecas
entre las cinco y las seis.

Gritaba Francisco Villa
en la estación de Calera:
vamos a darle la mano
a don Pánfilo Natera.

Ya tenían algunos días
que se estaban agarrando,
cuando llega el general
a ver qué estaba pasando.

Cuando llega Pancho Villa
sus medidas fue tomando:
a cada quien en su puesto
los iba posesionando.

Les decía Francisco Villa
al frente del Batallón;
para empezar el combate
al disparo de un cañón.

Al disparo de un cañón,
como lo tenían de acuerdo,
empezó duro el combate
por el lado derecho e izquierdo.

Les tocó atacar La Bufa
a Villa, Urbina y Natera,
porque allí tenía que verse
lo bueno de su bandera.

Decía el coronel García,
con su teniente Carrillo:
le pido permiso a Villa
para atacar por El Grillo.

Fue tomado Zacatecas
por Villa, Urbina y Natera,
Ceniceros y Contreras,
Madero Raúl y Herrera.

¡Ahora sí, borracho Huerta,
harás las patas más chuecas,
al saber que Pancho Villa
ha tomado Zacatecas.

Gritaba Francisco Villa:
¿En dónde te hallas Barrón?
Se me hace que a mí me vienes
guango como el pantalón.

Les decía Francisco Villa
con una voz muy ufana:
ya están tumbando la finca
que le nombraban La Aduana.

Esa finca de La Aduana
era una finca bonita,
la tumbaron los huertistas
con pólvora y dinamita.

Gritaba Francisco Villa:
¿Dónde te hallas Argumedo?
¿Por qué no sales al frente,
tú que nunca tienes miedo?

Debajo de aquella finca,
allá había muchos pelones,
muchas armas, mucho parque y
más de veintidós cañones.

¡Ay hermoso Zacatecas!
mira como te han dejado,
la causa fue el viejo Huerta
y tanto rico allegado.

Estaban todas las calles
de muertos entapizadas
y las cuadras por el fuego
todititas destrozadas.

Adiós, cerro de La Bufa,
con tus lúcidos crestones,
cómo te fueron tomando
teniendo tantos pelones.

Andaban los federales,
que no hallaban ni qué hacer,
buscando enaguas prestadas
pa’ vestirse de mujer.

Subieron a las iglesias
a repicar las campanas
y las bandas por las calles
sonorizaban con dianas.

Cuatro ramitos de flores
puestos en cuatro macetas,
por la División del Norte
fue tomada Zacatecas.


Felipe Angeles




En mil novecientos veinte
señores, tengan presente
fusilaron en Chihuahua
a un general muy valiente.

De artillero comenzó
su carrera militar,
y en poco tiempo llegó
a ser un gran general.

El gobierno comprendió
los males que iba a causar,
y mandó que lo persiguieran
pa’ mandarlo a fusilar.

Con veinte hombres que traía
puso cuatro de avanzada,
para ver si no le tendían
una terrible emboscada.

En el cerro de la mora
le toco la mala suerte,
lo tomaron prisionero,
lo sentenciaron a muerte.

El reloj marca las horas
se acerca la ejecución,
preparen muy bien sus armas
y apúntenme al corazón.

Apúntenme al corazón,
no me demuestren tristeza,
a los hombres como yo
no se les dá en la cabeza.

Ya con esta me despido
por las hojas de un granado,
aquí termina el corrido
de un general afamado.


De la persecución de Villa



Patria México, febrero veintitrés,
dejó Carranza pasar americanos:
dos mil soldados, doscientos aeroplanos,
buscando a Villa, queriéndolo matar.

Después Carranza les dijo afanoso:
si son valientes y lo quieren combatir,
concedido, les doy el permiso,
para que así se enseñen a morir.

Comenzaron a echar expediciones,
los aeroplanos comenzaron a volar,
por distintas y varias direcciones,
buscando a Villa, queriéndolo matar.

Los soldados que vinieron desde Texas
a Pancho Villa no podían encontrar,
muy fastidiados de ocho horas de camino,
los pobrecitos se querían regresar.

Los de a caballo ya no se podían sentar,
más los de a pié no podían caminar;
entonces Villa les pasa en su aeroplano
y desde arriba les dijo: Gud bay.

Cuando supieron que Villa ya era muerto,
todos gritaban henchidos de furor:
ahora sí, queridos compañeros,
vamos a Texas cubiertos con honor.

Mas no sabían que Villa estaba vivo
y que con él nunca iban a poder;
si querían hacer una visita
hasta la sierra lo podían ir a ver.

Comenzaron a lanzar sus aeroplanos,
entonces Villa, un buen plan les estudió:
se vistió de soldado americano
y a sus tropas también las transformó.

Mas cuando vieron los gringos las banderas
con muchas barras que Villa les pintó,
se bajaron con todo y aeroplanos
y Pancho Villa prisioneros los tomó.

Toda la gente de Chihuahua y Ciudad Juárez
muy asombrada y asustada se quedó,
sólo de ver tanto gringo y carrancista
que Pancho Villa sin orejas los dejó.

Que pensarían los "bolillos" tan patones
que con cañones nos iban a asustar;
si ellos tienen aviones de a montones
aquí tenemos lo mero principal.

Todos los gringos pensaban en su alteza
que combatir era un baile de carquís,
y con su cara llena de vergüenza
se regresaron en bolón a su país.


El Mayor de los Dorados

Fui soldado de Francisco Villa
de aquel hombre de fama mundial,
que aunque estuvo sentado en la silla
no envidiaba la presidencial.

Ahora vivo allá por la orilla
recordando aquel tiempo inmortal.
Ay … Ay ...
Ahora vivo allá por la orilla
recordando a Villa allá por Parral.

Yo fui uno de aquellos Dorados
que por suerte llegó a ser Mayor,
por la lucha quedamos lisiados
defendiendo la patria y honor.

Hoy recuerdo los tiempos pasados
que peleamos contra el invasor,
hoy recuerdo los tiempos pasados
de aquellos Dorados que yo fui Mayor.

Mi caballo que tanto montara
en Jiménez la muerte encontró,
una bala que a mí me tocaba
a su cuerpo se le atravesó.

Al morir de dolor relinchaba
por la patria la vida entregó
Ay … Ay …
Al morir de dolor relinchaba
cómo le llorara cuando se murió.

Pancho Villa te llevo grabado
en mi mente y en mi corazón
y aunque a veces me vi derrotado
por las fuerzas de Alvaro Obregón.

Siempre anduve como fiel soldado
hasta el fin de la revolución
Ay … Ay …
Siempre anduve como fiel soldado
que siempre ha luchado al pié del cañón.


Como toda obra colectiva y anónima (del "dominio público o D.P. como se los denomina en México), los populares "corridos" sufren permanentes mutaciones. Se les amputan o añaden textos y estrofas y existen de algunos de ellos casi tantas versiones como intérpretes los ejecutan.

En esta breve selección, hemos tomado como base para los primeros cinco títulos "La cucaracha", "Carabina 30-30", "La Adelita", "El barzón" y "La toma de Zacatecas", los textos -con algunas ligeras variantes - del "Cancionero Popular Mexicano", una importante recopilación de la Dirección General de Culturas Populares de la Secretaría de Educación Pública de México.

La versión sobre el fusilamiento del Gral. Felipe Ángeles, un famoso aliado de Pancho Villa en Chihuahua, sigue aproximadamente a la que bajo el título "Felipe Ángeles" popularizara Chavela Vargas en su CD "Corridos de la Revolución".

El texto de "El Mayor de los Dorados" sigue la versión recogida por el conjunto "Los Folkloristas", que ha realizado una importante tarea de rescate y divulgación del acervo musicológico popular mexicano.

El corrido "De la toma de Zacatecas" lo incorporamos para que pudiera comparárselo con su similar "La toma de Zacatecas", su texto fue tomado al igual que el "De la persecución de Villa" de la obra "Corridos Mexicanos" de Vicente T. Mendoza, en una edición conjunta del FCE y la Secretaría de Educación Pública de México.

A lo largo de los años, infinidad de artistas han interpretado y grabado canciones de la revolución mexicana. En Argentina no es fácil conseguir éstas grabaciones, aunque a veces aparecen algunas versiones de Vicente Fernández, Chavela Vargas y más raramente los recitados de Ignacio López Tarso. De Amparo Ochoa y el grupo Los Folkloristas existe una magnífica versión de "El barzón", en un par de CD de su serie "El Cancionero Popular".

Las ilustraciones son reproducciones de grabadosde José Guadalupe Posada.


Bibliografía

Cancionero Popular Mexicano. Selección, recopilación y textos de Mario Kuri-Aldana y Vicente Mendoza Martínez – Dirección General de Culturas Populares. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes – México 1987 – 2 tomos.-
Corridos Mexicanos. Vicente T. Mendoza – Fondo de Cultura Económica y Secretaría de Educación Pública – México 1985.-
El Corrido Mexicano. Antología, introducción y notas de Vicente T. Mendoza – Fondo de Cultura Económica – México 1995.-


Panorama de la Música en México El Corrido Cancionero Mexicano Anónimo Homenaje a José Alfredo Jiménez

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