DOS MEXICANOS Y UN ARGENTINO,
UNIDOS POR LAS “VOCES” DE ANTONIO PORCHIA


Por Ana Cecilia Pujals

Se presentó en Buenos Aires “Voces Reunidas, la edición ¿definitiva? de la única obra del pensador ítalo- argentino Antonio Porchia. El libro, que será editado simultáneamente en Argentina y en España, es resultado de un minucioso trabajo, y fruto de la pasión de los escritores mexicanos Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo y del argentino Ángel Ros.

Que la presentación de la más reciente edición de “Voces Reunidas” de Antonio Porchia se haya realizado al margen de la vorágine que rodea a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, fue ya, de entrada, un acto coherente. Que la obra se haya presentado con asistencia casi perfecta en uno de los saloncitos casi subterráneos y escondidos de la Biblioteca Nacional, fue una ironía. Una vez más, se comprobó que la figura de Antonio Porchia, “el más solitario de los hombres”, ejerce una fascinación indescriptible.

Porchia es uno de los escritores más secretos, pero también uno de los más difundidos. Paradójicamente, es casi imposible encontrar un ejemplar en los cientos de librerías de Buenos Aires.

Las “voces” de Porchia han recorrido el mundo, han sido traducidas, adaptadas y encontradas. Para dos mexicanos y un argentino, las “voces” de Porchia se transformaron en una aventura. Sus historias se cruzaron hacia 1987 cuando el director de cine y escritor mexicano Daniel González Dueñas, en un viaje a La Paz, Baja California, fue iniciado a las “Voces” de Antonio Porchia, por un amigo poeta, poseedor de una copia de copia de copia de copia de la Edición de Hachette en 1966.

“En el momento en que logro hacer contacto con una voz ella me habla a mí, como si hubiera sido escrita para llegar al momento en que la toco. A Mí y a nadie más que a mí, aquí y en ninguna otra parte, ahora y en ningún otro momento. A mí significa a cada lector atento, cuando y donde quiera que se encuentre, independientemente de sus particularidades. La intimidad que se genera en ese contacto es literalmente inenarrable: debe experimentarse.” González Dueñas compartió su hallazgo con el ensayista y escritor Alejandro Toledo. Una buena dosis de asombro más otra de vocación y oficio, lo llevaron a buscar más información. Y dio con el homenaje virtual que un empresario cordobés de la informática, Ángel Ros, alimentaba con fervor: www.antonioporchia.com.ar .

A su vez, Ángel Ros se topó con las “Voces” de Porchia una tarde mientras esperaba a un amigo y se entretenía leyendo algo que había dejado la hermana mayor en la mesita de la sala. Más tardó su amigo en cambiarse la ropa, que Ángel en correr a la librería a conseguir algo más de esta súbita revelación.

Cada uno en su latitud, y amparados por las bondades de la red de redes, empezaron a trabajar.

Para 1999, ya había una edición de la Universidad Nacional Autónoma de México de “Voces Reunidas”. Pero las “Voces” seguían apareciendo por todos lados: voces perdidas, voces inéditas, voces encontradas. Se hizo necesaria, en palabras textuales de Daniel González Dueñas, “dar una forma menos caótica a la obra dispersa de Antonio Porchia”. El resultado es una obra minuciosamente comentada, un ejemplo de claridad, buen gusto y prolijidad editorial, conceptos que Alción Editora (Córdoba, Argentina) tiene como bastión para salir a la calle con “Voces Reunidas” en este lado del mundo. En España, la Editorial Pre-Textos acompaña el libro con un CD de las “voces” dichas por su autor. Un valor agregado que merece la pena comentar es que por primera vez, todas las voces están numeradas.

Por su parte, el escritor Alejandro Toledo, en un novedoso afán por introducir a los niños a la obra de Antonio Porchia, dio una lúcida definición de la obra: “En hojas de papel apuntaba textos muy breves, algunos de una sola línea, que él llamaba voces(..) Las voces de Porchia pueden ser leídas como adivinanzas, o acertijos y también como asomos a una parte de la realidad que no vemos, o que vemos nada más nosotros y como los demás no parecen verla, terminamos por convencernos de que no la vemos. (...) Son también como un gran juego de la imaginación, un juego que, como todos los grandes juegos, cambia, siempre es distinto. (...)Porque las voces no son frases que se leen: son ventanas que se nos abren y que nos acompañan toda la vida. El paisaje que vemos a través de esa ventana cambia, porque nosotros cambiamos. Muy pocos escritores han logrado eso: no sólo hablarnos de la vida, sino ayudarnos a vivir”.

Ni bien se conocieron Toledo y González Dueñas con Ángel Ros, emprendieron un casi cinematográfico recorrido por todos los lugares emblemáticos en la vida de Antonio Porchia: su casa en la calle Malaver del barrio de Olivos, la sede de la Asociación Arte y Letras Impulso, que aún subsiste en el barrio de La Boca. Desandar los caminos físicos de Porchia incluyó visitas a sus amigos y familiares, la mayoría de ellos nonagenarios. Con la edad a cuestas, pero lúcidos en sus recuerdos, respondieron a la convocatoria su amigo Julián Polito, Mary Souto de García Orozco, personaje fundamental en sus últimos tiempos, y su linaje, representado por sus sobrinas nietas.

Muchas voces pudieron definir este encuentro. Pero Ángel Ros escogió una que Porchia bien pudo haber acuñado en una circunstancia parecida: “Uno es uno con otros. Sólo no es nadie”.

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