POESÍA DE FRANCISCO HERNÁNDEZ (*)

Selección y comentarios por Miguel Rivas Amezcua (**)

HASTA QUE EL VERSO QUEDE
Quitar la carne, toda,
hasta que el verso quede
con la sonora oscuridad del hueso.
Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo
hasta que se convierta en aguja tan fina,
que atraviese la lengua sin dolencia
aunque la sangre obstruya la garganta.

PAGINA EN TU NOMBRE
Tu nombre se puede morder como manzana.
Huele a mango de Manila y a naranja china.
Me deja la lengua morada al igual que el chagalapolin y la
escobilla.
Lo trituro y respiro hierbabuena.
Al separarlo estalla una granada.
Crece a la altura de la flor de caña, es la enredadera que
sube por la cerca o se extiende a ras de patio, perseguidor
de coralillos, sandía y verdolagas.
Si lo agito, escucho el agua que lo llena.
Si se lo doy al loco de la casa, volará a la punta del cerro
y lo hará flauta.
Para librarme de la oscuridad lo conservo en un frasco.
Con la luz que despide se ilumina esta página.

LAS GASTADAS PALABRAS DE SIEMPRE
Déjame recordarte las gastadas palabras de siempre,
Los armarios que encierran la humedad de los puertos
y el sabor a betel que dejas en mis labios
cuando desapareces en el aire.
Déjame tender tu cabello a la sombra
para que la penumbra madure como el día.
Déjame ser una ciudad inmensa, un bote de cerveza
o el fruto desollado ante la espiga.
Déjame recordarte dónde me ahogué de niño
y por qué hace brillar mi sangre la tristeza.
O déjame tirado en la banqueta; cubierto de periódicos,
mientras la nave de los locos zarpa
hacia las islas griegas.

EL VIEJO ERNEST
El viejo Ernest
asentó la frente
contra los cañones
de su escopeta,
cerró los ojos,
vio que un león se acercaba
y disparó.

TENTE EN EL AIRE
A Guillermo Zapata

Inmóvil,
el colibrí pierde su gracia.
En movimiento
es una flor.

MOCAMBO
a Efraín Huerta

Pasan veinte pelícanos en fila.
Suben o descienden, según el apetito de su guía.
El mar, al engullir la playa, se perfila.
Tu ausencia es otra devorante geografía.

EL SUEÑO DE LA PAREJA
a Octavio Paz, en sus 80 años

Envueltas en claridad lunar,
bajan por el marco de la ventana.
Penetran en la quietud de la alcoba,
recorren cortinajes, tapices, estanterías,
cruzan los pétalos de una gardenia,
llegan a las ondulaciones de las sábanas
y entran por fin, ansiosas, a la desnudez
de la pareja que las sueña.

LUNA ROJA
Más bella
que la luna creciente,
la taza de té
pintada por tus labios.

B.B.
brigitte
bella brigitte
flotas casi desnuda por Saint-Tropez
con ardores de permanencia voluntaria
te pegas a los sueños como insecto a la luz
tu boca de mama dora mis trigos
tu aliento me oscurece
pon tu mano de estrella en mi bragueta
siente latir por ti mi corazón.

NO HAY UN PAJARO
no hay un pájaro
el árbol canta.

SAN ANDRES TUXTLA
a Raquel y Faustino

a la orilla del río
hace cien años
ahora mismo
entre mangos podridos
excremento
y botellas rotas
los zopilotes
picotean el sol.

LECTURA DE CORTAZAR
En el jardín de Coyoacán sopla el viento de marzo,
cambia de lugar las hojas de los árboles,
el olor de las mujeres, el plumaje de las palomas.
Julio Cortázar, atado a un viejo tronco de palmera,
hace su aparición entre fotógrafos.
Lo suben al estrado, comienza su lectura.
El viento no se lleva sus palabras.

(de DE CÓMO ROBERT SCHUMANN FUE VENCIDO POR LOS DEMONIOS)
Hoy converso contigo, Robert Shumann,
te cuento de tu sombra en la pared rugosa
y hago que mis hijos te oigan en sus sueños
como quien escucha pasar un trineo
tirado por caballos enfermos.
Estoy harto de todo, Robert Schumann,
de esta urbe pesarosa de torrentes plomizos,
de este bello país de pordioseros y ladrones
donde el amor es mierda de perros policías
y la piedad un tiro en parietal de niño.
Pero tu música, que se desprende
de los socavones de la demencia,
impulsa por mis venas sus alcoholes benéficos
y lleva hasta mis ligamentos y mis huesos
la quietud de los puertos cuando el ciclón se acerca,
la faz del otro que en mí se desespera
y el poderoso canto de un guerrero vencido.


(*) Francisco Hernández, una de las voces más importantes de la poesía en México, nació en San Andrés Tuxtla, Veracruz, en 1946. Ha publicado, entre otros libros: Diario invento (2003, Aldus); Óptica la ilusión (2002, CONACULTA); Soledad al cubo (2001, Editorial Colibrí); Antojo de trampa (1999, Fondo de Cultura Económica); Mascarón de prosa (1997, CONACULTA); Poesía reunida (1996, UNAM - Ediciones del Equilibrista), que da cuenta de los primeros veinte años de su trabajo.

De él ha dicho José Emilio Pacheco: “En Hernández el juego de la sensibilidad y la inteligencia poética se sostienen por el humor, el escepticismo y la exuberancia metafórica...”

En 1982 ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, por Mar de fondo (Edit. Joaquin Mortiz); en 1993 el Premio Carlos Pellicer para obra publicada; y en 1994 el Xavier Villaurrutia por Moneda de tres caras, inspirado en la locura de tres creadores capitales de la cultura germana: Robert Schumann, Friedrich Hölderlin y Georg Trakl.

Por su trayectoria ha sido invitado como jurado del premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el más importante del país, durante los últimos tres años.

Su columna Diario invento, se publica semanalmente en el periódico capitalino Milenio.

PRESENTACIÓN TUXTECA

Por Miguel Rivas Amezcua(**)


El camino a la poesía de Francisco Hernández puede hacerse en mula de buen tramo cuando rompe el alba para llegar en filo al mediodía. Si uno se acerca por el mar de Montepío, llegará siempre con la tarde sin importar la hora en que ha embarcado. El que la busca a pie recorre, en todo tiempo, la senda en lo nocturno, y aprende a guiarse con poemas breves que alumbran en lo oscuro como fuegos fatuos.
Hay caseríos de caña en los suburbios y tendajones donde se atiende en alemán antiguo. Por sus calles de tierra circulan labios de muchacha, parques de La Habana, olores a tabaco, pintores y tatuajes vivos.

Quien se acomode en una banca de la plaza hablará a un tiempo de béisbol con Joseph Conrad y Eliseo Diego; quien busque hostal tendrá aves picoteando bajo el catre mientras duerme.

A la poesía de Francisco Hernández se le puede visitar en cualquier época, o bien sentarse en el Vigía a esperar que pase. Uno verá a los zopilotes traer la tarde al cerro entre sus picos carroñeros, o a los fantasmas que se acercan por un poco de fiesta cuando julio. Si han bebido, sus réprobos blasfeman coplas de Mardonio Sinta entre las vírgenes y lamen el ratán de las iglesias donde se han sentado, entonces hay que echarlos a empellones en un navío de sombras y hacerlos irse río abajo; allá las piedras del Tepango los abren en canal y esparcen sus delirios armoniosamente.

(**) Miguel Rivas Amezcua - Abogado Mexicano y Promotor Cultural - Residió en Buenos Aires - Cumplió funciones en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y en la Biblioteca Alfonso Reyes de la Embajada de México en la Argentina - Actualmente vive en México.



Calaveritas VI Concurso Calaveritas

Maratón Guadalupe-Reyes de Rafael Toriz Entrevista a Juan Villoro
Literatura Prehispánica en México  Florencia Walfisch
Premio Internacional de Poesía
Jaime Sabines 2004
Textos cortos de Jorge F.Hernández
Poesía de Francisco Hernández Dos mexicanos y un argentino
unidos por las VOCES de Antonio Porchia
Un modesto homenaje a Marta Merkin