DAVID ALFARO SIQUEIROS EN LA ARGENTINA



El muralista mexicano David Alfaro Siqueiros llegó a la Argentina en 1933 desde el Uruguay, arrastrando una estela tumultuosa de innovaciones estéticas y escándalos políticos.

Tres años antes, había permanecido durante siete meses encarcelado en su país bajo cargos de rebelión y sedición. También fue por entonces expulsado del Partido Comunista Mexicano por indisciplina. Los siguientes quince meses fue confinado con arresto domiciliario en el pueblo minero de Taxco, en las sierras de Guerrero.

Nada le había impedido, sin embargo, seguir pintando. En la cárcel capitalina produjo una serie de lo que llamó “retablos” y su famoso cuadro “Madre proletaria”. En Taxco pintó más de cien obras.

Al reanudar su práctica política, viola concientemente el arresto domiciliario, recibiendo entonces la “sugerencia” de radicarse en el extranjero.

Viaja a los Estados Unidos dónde comienza a experimentar con nuevos materiales entre ellos la pistola de aire. También de allí fue expulsado.

Decide ante esto trasladarse al cono sur de América, junto a su compañera de aquella época, la escritora uruguaya Blanca Luz Brum.

Desde su adolescencia, David Alfaro Siqueiros, había soñado con venir a Buenos Aires. En aquella época se había escapado de su casa paterna y convenció a dos amigos que luego cobrarían notoriedad como poeta y escultor, a seguirlo pues “...soñábamos en ser, por ejemplo, choferes de hermosas señoras ricas y nos decíamos que la técnica del oficio de buenos amantes capaces de cobrar se practicaba fundamentalmente en la Argentina...”. Esta aventura juvenil, tras muchas peripecias terminó en el puerto marítimo de Veracruz, dónde los frustrados viajeros nunca consiguieron embarcar como polizontes.

Pero ahora, al llegar al Río de la Plata, Siqueiros ya era un pintor famoso por sus aportaciones a la teoría del arte. En 1921 había firmado en Barcelona los “Tres llamamientos de orientación actual a los pintores y escultores de la nueva generación” también llamado “Manifiesto de los artistas plásticos de América”. Dos años después redacta en la Ciudad de México el “Manifiesto del Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores”. En 1932, escribe en Hollywood “Los vehículos de la pintura dialéctico-subversiva”. Estos y otros varios textos pueden tomarse como antecedentes del que realizaría aquí.

Treinta y tres años mas tarde, al hacer un balance retrospectivo de su propio desarrollo, el maestro definirá a la etapa 1932-1938 como el “período de inconformidad frente a las formas prehispánicas coloniales y folklóricas de México – por arcaicas y anacrónicas – y período de búsqueda de una función pública y de estilo modernos para la pintura contemporánea de orientación social.”

En Buenos Aires se incorporó rápidamente a la vida intelectual porteña y también a su bohemia. En una recopilación de sus “memorias” se rescatan jocosos comentarios sobre una fiesta en su honor, en casa del periodista argentino Pablo Rojas Paz, dónde se encontraban Norah y Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, el español Ramón Gómez de la Serna y muchos otros intelectuales de la época y que terminó en un famoso escándalo, cuando tras un altercado entre el español y el mexicano, se trenzaron a golpes un grupo de los escritores contra los plásticos que llegaron acompañando al homenajeado.

Siqueiros polemizó públicamente en Buenos Aires con el filósofo mexicano José Vasconcelos que también visitaba la Argentina y era columnista en el diario “Ultimas Noticias”, aunque un famoso debate entre ambos organizado por la Federación Universitaria Argentina se frustró. Dictó unas tormentosas conferencias en la Asociación Amigos del Arte, y también allí su directora Victoria Ocampo, a la que el pintor define como “talentosa, pero reaccionaria y acomodaticia” decidió suspenderlas, por lo que debieron continuarse en Signo.

La sociedad argentina de la época, bajo el gobierno del general Justo que había sucedido al general golpista Nicolás Uriburu, era objeto de fuertes tensiones sociales. La presencia en el país de un artista combativo como Siqueiros fue persistentemente criticada por la prensa adicta al régimen, sobre todo a través de virulentos artículos en los periódicos de la derecha más reaccionaria como Fronda, Bandera Argentina y Crisol.

El editor Natalio Botana, director del mítico diario Crítica en el cual Siqueiros fue columnista durante más de un año, a instancias del poeta Oliverio Girondo le encarga al pintor la confección de un mural en los sótanos de su quinta en la localidad bonaerense de Don Torcuato. David Alfaro Siqueiros realizará esa obra exigiendo para ello, la colaboración de los plásticos argentinos Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro. La modelo para esa notable experimentación pictórica será Blanca Luz Brum.

Es en el marco de esta intensa actividad plástica, política e intelectual que el muralista mexicano publica en la edición de Crítica del 2 de junio de 1933 el texto titulado “Un llamamiento a los plásticos argentinos”.

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