SIQUEIROS EN ARGENTINA - Ejercicio Plástico (1933)


Por Ana Martínez Quijano (*)

La ciudad de Buenos Aires guarda celosamente sus secretos y en ella, oculto a los ojos del mundo, se encuentra un mural pintado por David Alfaro Siqueiros; muchos conocen su existencia pero sólo unos pocos han podido verlo. Esta obra estuvo destinada desde su gestación a la oscuridad, ya que fue realizada en un sótano de una propiedad privada y permaneció enterrada durante casi seis décadas. Su misteriosa historia aún no ha sido clausurada y ha rodado por este continente convirtiéndose en uno de los mitos del arte latinoamericano. Todos aquellos que desearon conocerla se han encontrado con que sus puertas todavía permanecen selladas.

Siqueiros llega a Buenos Aires en el año 1933, ciudad que se deslizaba vertiginosamente hacia la modernidad, fenómeno que provocó el frenesí de unos y la inquietud de otros. Siqueiros actuó como elemento desestabilizador; trajo consigo todos los atractivos que lo hacían irresistible: era un prestigioso artista cuyo talento ya no se discutía y a los éxitos artísticos se sumaba su romántica fama de joven revolucionario. Su actividad política le deparó una vida turbulenta de exilio en exilio y de cárcel en cárcel. Venía directamente de la ciudad de Los Ángeles, donde fue contratado para dictar unas clases magistrales sobre muralismo por la Chouinard School of Arts (pintó un muro de ese edificio en el tiempo récord de dos semanas). Al culminar esta tarea le pidieron que pintara en el Plaza Art Center un mural exterior de mayor dimensión, llamado América Tropical, y empleó para su realización recursos técnicos de avanzada, acorde con sus ideas progresistas, formando un grupo de 20 artistas que colaboraron con él en calidad de alumnos. Lenguaje, ideología y técnica en apretada síntesis configuraron la obra.

La izquierda intelectual de Buenos Aires fue seducida inmediatamente por este triunfador que traía el firme propósito de movilizar las conciencias y provocar un cambio cualitativo. Lo que Siqueiros pretendía era "sacar la obra de arte de las sacristías aristocráticas en donde se pudre hace más de cuatro siglos", para llevarla a la calle, "a aquellos lugares donde el tráfico del pueblo sea más intenso y a los lugares donde concurran mayores núcleos de personas".

Ese concepto del arte, absolutamente opuesto al que imperaba en Buenos Aires, lo difunde abiertamente en dos conferencias en las que expone sus ideas junto con sus pinturas en la Asociación Amigos del Arte, donde fuera invitado especialmente por Victoria Ocampo, promotora de la cultura en Buenos Aires.

Sus propuestas provocaron tal escándalo que la tercera conferencia del ciclo previsto se prohíbe. Sin embargo, tiene lugar en la Galería Signo, donde el público se agolpó para poder entrar. Al día siguiente la polémica se transcribió textualmente en los diarios. Por su parte, Siqueiros también escribió en diversos medios su opinión sobre los artistas argentinos, "independientemente de sus valores personales, son obras de gente snob", critica "el anacronismo técnico, puerilidad, falta de convicción social y melancolía estética", en fin, un trago difícil de digerir. Califica a Spilimbergo como el más grande pintor argentino de todos los tiempos, estima "la capacidad y fuerza" de Forner, Castagnino y Victorica, pero considera "abominables las obras de Guillermo Butler".

En otros medios la reacción no se hace esperar y los titulares adversos tienen éste tenor: "Un gran asco, los monigotes de Siqueiros". Engendró apasionadas réplicas, en favor o en contra, ríos de tinta y alborotos espectaculares que se sucedieron sin cesar desde su llegada. Para criticar o para ensalzar, nadie se abstenía de participar en ésta polémica en la que unos se sintieron conmovidos y otros agraviados. En esos años los corazones aún latían aceleradamente con los grandes discursos totalizadores, el espíritu de la época estaba plasmado en ésta frase del poeta González Tuñón: "Yo los invito a conquistar el porvenir".

Finalmente, Siqueiros aceptó pintar un mural en Buenos Aires. La propuesta la hizo Natalio Botana, dueño de Crítica, el primer diario moderno y progresista de la Argentina, donde se inauguraron los cronistas especiales, el "periodista estrella", para quien se fletan aviones y crea una nueva modalidad de la escritura periodística. Botana era un multifacético y discutido personaje que inexplicablemente no le ofreció los muros de su diario para realizar su obra, sino un escondido sótano de su fastuosa residencia en las afueras de la ciudad. La casa, según Pablo Neruda, que fue junto con García Lorca uno de sus huéspedes, era la encarnación de un nuevo rico.

De ningún modo podía desconocer Botana los principios fundamentales del muralismo mexicano, que fueron escritos por Siqueiros y publicados en su propio diario. "Vamos a producir arte en los muros más visibles; en los costados descubiertos de los altos edificios; en los lugares estratégicos." ¿Por qué le ofreció el espacio más inadecuado para pintar un mural y por qué aceptó Siqueiros una geografía tan hostil? No se puede conjeturar que tuviese necesidades económicas, ya que acababa de cobrar por los murales de Los Ángeles una suma considerable de dinero. Pero se podría pensar que Botana no quiso involucrarse en la guerra desatada por Siqueiros entre los sectores reaccionarios y los de izquierda, o acaso fuera el extravagante capricho de un magnate todopoderoso. Curiosamente, en la extensa bibliografía que existe sobre esta obra, llamada Ejercicio Plástico, no se encuentran respuestas. Hoy ya nadie puede revelar el misterio.

Ejercitando la creatividad Siqueiros creó un orden diferente en el sótano, alterando y modificando la topografía del terreno. Imaginó transparentes los muros, provocando por medio de un truco visual el efecto de una caja de vidrio sumergida en el agua. El espectador queda atrapado en una burbuja, el paisaje y los personajes que lo habitan ocupan entonces un espacio exterior e infinito. Talentosa transgresión que brinda como resultado una amplitud ficticia que el soterrado lugar no posee. Se permite una única pausa a las exigencias ortodoxas del movimiento muralista mexicano, que demanda una temática comprometida con la problemática social del proletariado, de orientación subversiva. A los limites del sótano les impone el ejercicio pleno de la libertad. El efecto de la obra acabada es el de las ambientaciones que recién adquieren fama en la década del sesenta, ya que no produce la situación de distancia entre el espectador y la obra que crea el mural tradicional.

Siqueiros encaró con la vitalidad que lo caracteriza su "primer mural monumental interior". Los doscientos metros de superficie enterrada presentan serias dificultades de composición debido a su forma semicilíndrica, que decide pintar en su totalidad, el piso, las paredes y el techo abovedado. Desdeña el trabajo individual y convoca a los artistas argentinos Berni, Castagnino, Spilimbergo y el uruguayo Lázaro para realizar un auténtico trabajo colectivo.

Esta experiencia es el origen del movimiento muralista argentino y son estos artistas los que pintan los murales de las Galerías Pacífico, en pleno centro de Buenos Aires. Sin embargo, Berni disiente de Siqueiros que considera que la pintura de caballete debe desaparecer. La opinión de Berni es que el fenómeno muralista mexicano no se puede crear en otro país sin esa situación sociopolítica tan particular, donde era el gobierno quien ofrecía los muros de sus edificios a los artistas. "Tal es así -concluye Berni- que el propio Siqueiros, con su enorme prestigio, tuvo que adaptarse en la Argentina a las condiciones objetivas existentes y terminó pintando un mural en un subsuelo."

Los materiales y técnicas de avanzada empleados para ejecutar Ejercicio Plástico, acordes con las ideas progresistas de Siqueiros, ocupan un lugar protagónico. Los artistas cambian el pincel por el aerógrafo, el boceto por la fotografía y el cine, el óleo por las resinas sintéticas y el banco académico, que otorga un punto de vista arbitrario, por la trayectoria lógica que recorre el espectador. Su entusiasmo por estas nuevas técnicas contribuyó a que el mural fuera pintado rápidamente, pero lo realmente importante es que la resistencia de los materiales empleados -la piroxilina y el silicato- fue decisiva para el destino de la obra. Pintado con técnicas ortodoxas, el mural no hubiese sobrevivido a las terribles agresiones que sufrió posteriormente. Esta suntuosa propiedad cambiaria de dueño años más tarde con el mural incluido, por supuesto, y sus nuevos propietarios hacen tapar las "indecencias" de los desnudos, al mejor estilo de "Il Braguettone", quien cubriera las "obscenidades" del Juicio final de Miguel Ángel. Otras peripecias tuvieron lugar posteriormente cuando para destacar los rostros deciden barnizarlos. Incluso, por motivos inexplicables, se intentó borrar la obra con ácidos y al resultar imposible destruirlo fue tapado íntegramente con cal por uno de sus sucesivos dueños.

Los desnudos personajes pueden observarse hoy en todo su esplendor. Figuras incrustadas por medio del escorzo, puños apretados, pies rotundos que se aplastan con fuerza, sensuales cuerpos femeninos ondulantes que aprietan sus senos, sus vientres, sus piernas, ejerciendo la mayor presión posible contra su límite, el muro. Todas la figuras miran fijamente al virtual espectador con la intención evidente de desestabilizarlo e integrarlo, creando un efecto movilizador, de placer o repudio, como queda demostrado al conocer la historia de las vicisitudes del mural. El objetivo de Siqueiros, al menos en parte, se ha cumplido.

Él escribiría dos años más tarde:
Ejercicio plástico "es una pintura monumental dinámica para un espectador dinámico". Lo que seguramente nunca imaginó es que la inquietud que provoca el juego de las miradas y la sensualidad de los desnudos, incitaran a destruir la obra.

Luego de tres meses de encierro forzoso y agotado por la intensidad del trabajo, al terminar el mural Siqueiros sintió la necesidad compulsiva de cambiar de aires. Se presentó en un mitin del Sindicato de la Industria donde lo arrestan e inmediatamente lo expulsaron de Argentina. Buenos Aires es un lugar difícil para Siqueiros, quien al llegar publicó un llamamiento a los artistas argentinos convocándolos a crear un "movimiento multiejemplar para las grandes masas populares". Borges define a los argentinos como europeos en el exilio y en realidad es difícil entender esta cultura de mezcla. Pero es evidente que Ejercicio plástico fue para Siqueiros una experiencia muy significativa si se leen los numerosos escritos que le dedicó posteriormente; incluso se manifiesta plenamente confiado que su valor intrínseco rescatará al mural de su "chaleco de fuerza" y de la oscuridad.

El último propietario de la Quinta, Héctor Mendizábal, decidió rescatar el mural y le encargó al restaurador mexicano Manuel Serrano una obra de ingeniería que reunió los más sofisticados adelantos de la técnica. El mural, que tenía sobre sí nada menos que una casa fue despojado de su entorno. Su superficie fue adelgazándose desde el exterior hasta ser reducida a 10 milímetros de espesor y blindada con una resina sintética de alta resistencia. Material que asegura hoy como ayer su pervivencia, cuidando su estructura y posibilitando su traslado sin riesgo.

Como este rescate se organizó inicialmente con la intención de comercializar el mural, se lo dividió en trozos para introducirlo en dos contenedores. Sin embargo, un destino adverso pareciera impedir que esa obra vea la luz. Problemas judiciales aún lo mantienen en la sombra.

El mundo se fue olvidando de esta obra que permanece escondida. Ni su fuerza expresiva, ni su indudable valor estético e incluso económico lograron desenterrarla. Los solitarios personajes horadan el vacío con sus ojos, buscando esos ojos que no los miraron y esos mensajes que no se cruzaron. Sin espectadores que brinden sentido a la creación, el mural provoca la angustia de un destino que no se cumplió.

(*) Ana Martínez Quijano es argentina, crítica de arte, columnista del diario Ámbito Financiero. El artículo ha sido reproducido con autorización de la autora. Fue publicado originalmente en la Revista Águila y Sol, num. 2, Buenos Aires – octubre de 1996. Con posterioridad la autora ha escrito numerosos artículos sobre ésta importante obra y la insólita situación en la que se encuentra.

Las fotografías son propiedad de ANM.


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